Consumo en retroceso: se profundiza la caída de ventas en supermercados, mayoristas y comercios

El desplome del consumo masivo vuelve a quedar en evidencia. Las ventas minoristas y mayoristas registraron fuertes bajas interanuales en noviembre, con menor poder adquisitivo, endeudamiento familiar y tarifas en alza como telón de fondo.

La contracción del consumo volvió a hacerse visible en noviembre, cuando las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas registraron descensos significativos y confirmaron el deterioro que ya se insinuaba desde meses atrás. Los datos oficiales muestran que la demanda interna continúa debilitándose, en un contexto marcado por salarios que no recuperan poder de compra y gastos fijos que absorben una mayor porción de los ingresos familiares.

En el caso de los supermercados, las ventas al por menor cayeron un 2,8 por ciento interanual, lo que representa la primera baja de peso en lo que va del año y marca un quiebre respecto del estancamiento observado durante el tercer trimestre. En paralelo, el retroceso fue aún más pronunciado en los autoservicios mayoristas, donde el derrumbe alcanzó el 8,3 por ciento frente a noviembre del año pasado.

Según el relevamiento del Indec, el índice de ventas totales en supermercados viene mostrando una tendencia descendente desde abril, pero recién en noviembre se ubicó por debajo de los niveles del mismo mes de 2024. Ese dato enciende una señal de alerta adicional si se considera que el año pasado ya había estado atravesado por una fuerte contracción del consumo masivo, con una baja acumulada del 11 por ciento. La nueva caída confirma que la recuperación sigue sin llegar.

El informe también refleja cambios en las modalidades de pago. Durante noviembre, el 44,6 por ciento de las operaciones en supermercados se realizaron con tarjeta de crédito, mientras que el 25,2 por ciento se pagó con débito. El efectivo representó el 16,3 por ciento de las compras y el 13,9 por ciento restante correspondió a otros medios, entre ellos billeteras virtuales, que continúan ganando participación.

En cuanto a los productos más demandados, los artículos de almacén concentraron el mayor volumen de ventas, con el 26,2 por ciento del total. Les siguieron los productos de limpieza y perfumería (13,6 por ciento), las carnes (12,8 por ciento) y los lácteos (11,1 por ciento). Llamó la atención el incremento interanual en las compras de carne, lo que sugiere que muchos consumidores optan por los supermercados para buscar mejores precios y mayor variedad frente a la presión inflacionaria.

La situación de los autoservicios mayoristas aparece todavía más comprometida. Desde el inicio de la actual gestión nacional, el sector no logró revertir la tendencia negativa: en 2024 acumuló una baja del 15 por ciento y todo indica que 2025 cerrará también con números en rojo. Entre los factores que explican este comportamiento se encuentran las estrategias más agresivas de descuentos en supermercados y el menor nivel de abastecimiento de los comercios de cercanía, que suelen comprar en mayoristas. Desde el sector reclaman medidas específicas para afrontar la crisis, aunque hasta ahora no encontraron respuestas concretas.

El impacto también se siente en el empleo. En los autoservicios mayoristas, la cantidad de trabajadores ocupados cayó un 7,7 por ciento interanual, lo que equivale a 13.392 puestos menos. En los supermercados, donde se contabilizan 98.083 empleados, la reducción fue más moderada, aunque igualmente negativa: 0,8 por ciento en los últimos doce meses.

Los montos promedio de las compras refuerzan la idea de un consumo cada vez más ajustado. En los autoservicios mayoristas, el ticket promedio por persona se ubicó en 41.236 pesos, mientras que en los supermercados fue de 32.714 pesos. Se trata de compras pequeñas, pensadas para cubrir lo indispensable y evitar grandes gastos ante la falta de margen en los presupuestos familiares.

El retroceso no se limita al consumo cotidiano. Las ventas en shoppings también mostraron una baja del 2,3 por ciento interanual en noviembre. El ticket promedio por local alcanzó los 108.076 pesos, una cifra que, incluso para ese rubro, refleja operaciones de bajo volumen.

En conjunto, los datos confirman que la economía real sigue atravesando un momento crítico. Con el poder adquisitivo estancado, mayor endeudamiento de los hogares y una estructura de costos cada vez más pesada, el consumo continúa en caída libre. La combinación de menores ventas, pérdida de empleo y compras cada vez más reducidas deja en evidencia un escenario complejo que no logra revertirse y que se arrastra ya por segundo año consecutivo.

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