La Ciudad de Buenos Aires registró su participación electoral más baja desde 1983: solo votó la mitad del padrón

El domingo pasado se celebraron elecciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, marcadas por un dato que encendió las alarmas entre analistas y dirigentes políticos: apenas el 53,33 por ciento del padrón concurrió a votar, el nivel más bajo registrado desde la restauración democrática en 1983. La escasa concurrencia fue uno de los factores decisivos de la jornada, junto con el derrumbe del PRO, que permitió al espacio liderado por Manuel Adorni consolidar su triunfo por una diferencia de 54 mil votos frente a la fuerza conducida por Leandro Santoro.

Este nivel de participación representa una caída de 12 puntos respecto a los comicios legislativos de 2021, cuando votó el 65,67 por ciento del electorado, y 23 puntos menos en comparación con el balotaje nacional de 2023. A pesar de que la Ciudad suele destacarse por su mayor interés en los asuntos públicos y niveles educativos elevados, el ausentismo fue incluso superior al registrado en distritos del interior como Santa Fe, San Luis, Chaco, Salta y Jujuy.

La comparación entre barrios permite observar una relación entre el resultado electoral y la participación. En zonas donde se impuso Santoro, como Villa Lugano, la participación rondó el 41 por ciento. En cambio, en barrios donde ganó Adorni, como Saavedra, la afluencia a las urnas superó el 64 por ciento. Estas diferencias reflejan un cambio de preferencias en sectores de clase media, tradicionalmente afines al PRO, que en esta oportunidad optaron por apoyar a La Libertad Avanza.

Según diversos consultores, uno de los elementos más impredecibles de esta elección era precisamente cuántas personas acudirían efectivamente a votar. En esta oportunidad, solo lo hicieron 1.640.000 de los 3.100.000 electores habilitados. De ese total, La Libertad Avanza obtuvo 493.000 votos y se impuso por 50.000 a Es Ahora Buenos Aires, que alcanzó los 449.000 sufragios.

En barrios históricamente peronistas como Villa Lugano, Soldati y la zona del Riachuelo, la baja participación fue particularmente notable. Algunos vecinos atribuyen esta situación a las condiciones climáticas, ya que la tormenta del día habría dificultado el traslado a los centros de votación. En contraste, en sectores como Caballito o Saavedra —áreas donde el macrismo perdió peso en los últimos años— la asistencia a las urnas osciló entre el 61 y el 64 por ciento.

En definitiva, la elección no logró despertar el entusiasmo ciudadano. Muchos habitantes ni siquiera sabían qué cargos se elegían. Esta desconexión se suma al descontento creciente por la falta de respuestas concretas a los problemas cotidianos. El desdoblamiento electoral dispuesto por el gobierno porteño, que separó la elección de legisladores locales de la nacional que se celebrará en octubre, también podría haber influido en la apatía del electorado. Desde 2003, cada elección legislativa en CABA ha registrado una baja sostenida en la participación, que en esta ocasión alcanzó un piso histórico.

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