En su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, Javier Milei quiso transmitir épica y festejo a una sociedad angustiada. Demagogia contra la casta y ajuste para la gente.
En medio de un escenario marcado por el 60% de la población sumida en la pobreza, una inflación desbordante y un aumento repentino de despidos en la industria y la construcción, Javier Milei celebró su propia fiesta con aplaudidores, cánticos y tribunas propias. Sin embargo, la dualidad entre el festejo y el sufrimiento se hizo evidente. Aquellos que no comparten las ideas del oficialismo son etiquetados como parte de una «casta corrupta», y la única opción para evitar la confrontación es someterse a sus designios.
Desde una perspectiva autoritaria, Milei propuso a los gobernadores la firma de un «Pacto de Mayo» en Córdoba, con contenidos similares a los rechazados en la ley ómnibus. Estos incluirían desde una reforma laboral antiobrera hasta una reforma previsional que afectaría a los jubilados. Su discurso, en apariencia lleno de significados retorcidos, revela en realidad una serie de mentiras.
A pesar de hablar de libertad, Milei omite especificar que se refiere a la libertad económica para grandes corporaciones y trasnacionales, mientras suspende la comida en comedores populares bajo la excusa de medidas anticasta. Sus denuncias sobre los niveles de pobreza recibidos del gobierno anterior se contradicen con el aumento del 15% en su gobierno, resultado de devaluaciones, ingresos congelados, incrementos exorbitantes en tarifas y desregulación de precios en alimentos y medicamentos.
En su discurso, Milei ataca la educación y la salud al recortar presupuestos universitarios y cortar tratamientos oncológicos. Mientras proclama preocupación por los pobres, sus medidas favorecen únicamente a la élite económica. Su afirmación de que el 70% del ajuste se dirigió a la política es desmentida por la retirada de subsidios, aumentos de tarifas y la suspensión de obras públicas, generando pérdidas y despidos masivos.
La falsa preocupación por los muertos en la pandemia contrasta con la falta de asistencia a enfermos de cáncer. Milei, lejos de demostrar interés por la educación, la salud o la pobreza, propone un «Pacto de Mayo» que repite los puntos rechazados en la ley ómnibus y el MegaDNU, excluyendo cualquier referencia a derechos, garantías individuales o respeto a los derechos humanos.
A pesar de las protestas, desde cacerolazos hasta «molinetazos», la sociedad enfrenta la presión con relativa calma. Milei, al proponer consensos entre marchas y contramarchas, revela su estilo amenazador. Su sorprendente propuesta de pacto con gobernadores para aprobar «políticas de Estado» se alinea con el PRO y Mauricio Macri, generando respuestas positivas y discusiones entre distintas fuerzas políticas.
El discurso de Milei, presentado como una fiesta, contrasta con una sociedad angustiada por el empobrecimiento y el cierre de negocios. Aunque la mayoría resiste, existe una división entre quienes repudian la caída y aquellos que mantienen la ilusión de su transitoriedad. La verdadera celebración es el aguante de la sociedad ante la presión. La decisión sobre el DNU y el Pacto de Mayo dependerá de la paciencia de la sociedad, mientras las diferentes fuerzas políticas oscilan entre posturas divergentes.