En una jornada cargada de tensión y descontento, el polémico Javier Milei inauguró las sesiones ordinarias en el Congreso, enfrentándose a una multitud enfurecida que protestaba con un despliegue policial desmesurado. Con kilómetros de vallas y un «anillo de contención», la zona quedó literalmente sitiada mientras los manifestantes expresaban su descontento a viva voz.
Desde la tarde, los ciudadanos se congregaron frente al Congreso con banderas argentinas y consignas, pero la situación escaló rápidamente cuando la policía respondió con gases lacrimógenos en Rivadavia y Callao. En un inédito operativo, la gente fue obligada a circular por largos rodeos de cuadras, mientras partidos de izquierda quedaron cercados en la plaza del Congreso.
Durante el discurso, los manifestantes dirigieron insultos hacia la familia y mascota de Milei, generando un clima de tensión que desembocó en un episodio peligroso con la policía. A pesar de que la multitud no demostró violencia, el uso de gases lacrimógenos resalta la peligrosidad de un despliegue policial excesivo.
La llegada del presidente, por otro lado, estuvo marcada por un fuerte olor a bosta, ya que la guardia de granaderos y la policía montada mantuvieron a sus animales bajo el sol durante horas. Entre repudios y cánticos, algunos manifestantes celebraron la situación con ocurrencias, señalando que el olor superaba al del perro Conan.
En un contrapunto político, un pequeño grupo de personas expresó su apoyo al presidente, enfrentándose a la furia de la mayoría. Jubilados insurgentes, en su mayoría mayores de treinta años, se sumaron a la manifestación, destacando su lucha por el derecho al salario y a una jubilación digna.
La desconcentración tras el discurso fue rápida, con charlas políticas entre los grupos. Milei anunció que el «Pacto de Mayo» se firmaría en Córdoba debido a que Conan es cordobés. La noche se disipó, pero el olor a bosta persistió en el aire denso de la polémica jornada.