Una vez más, el obispo castrense Santiago Olivera quedó en el centro del debate público tras ser elegido por el Gobierno nacional para transmitir un mensaje pascual desde la cuenta oficial de la Casa Rosada. El hecho no pasó desapercibido, ya que Olivera es una figura recurrente en la defensa de represores condenados por delitos de lesa humanidad y ha cuestionado en reiteradas ocasiones el proceso judicial y social que condenó los crímenes de la última dictadura.
El video publicado en Pascua incluía palabras del obispo que, aunque centradas en la resurrección de Cristo, fueron vistas como un nuevo intento de blanquear su figura y, por extensión, su discurso negacionista. El mensaje fue difundido por el equipo digital del Gobierno, bajo la coordinación del asesor Santiago Caputo, y se publicó desde el salón rebautizado como “de los Próceres” en la sede presidencial.
Olivera sostiene desde hace años que se ha cometido una «injusticia» contra los militares, y en una entrevista reciente incluso afirmó que los juicios por delitos de lesa humanidad eran una forma de venganza. También criticó las condenas por el robo de bebés y sostuvo que quienes cometieron esos crímenes eran “gente joven que obedecía órdenes”, relativizando así la gravedad de los actos.
En un contexto en el que la gestión de Javier Milei ha mostrado una clara intención de desmantelar la política de memoria, verdad y justicia, la elección de Olivera como vocero espiritual para una fecha clave refuerza la postura oficial. A la par, se acumulan decisiones como la reducción presupuestaria del 90% a los espacios de memoria, la eliminación de partidas futuras y la falta de pago a los trabajadores del área.
Este alineamiento ideológico se evidencia también en hechos como la visita que el obispo hizo al Senado para encontrarse con la vicepresidenta Villarruel, militante de la reinterpretación del pasado desde el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), y en las gestiones judiciales que Olivera ha realizado para apoyar causas de militares detenidos.
Incluso se ha revelado que participó en proyectos que pretendían modificar el Código Penal para que los delitos de lesa humanidad prescribieran después de veinte años si no hubiera sentencia firme, una iniciativa que atentaría contra los estándares internacionales de justicia y que fue considerada como una forma de negacionismo activo.
En 2018, el obispo publicó en un diario nacional una serie de columnas tituladas “¿Esto es justicia?”, donde criticaba los procesos judiciales contra represores. Aquellas declaraciones motivaron el repudio de sectores religiosos como los Curas en la Opción por los Pobres, quienes acusaron a Olivera de legitimar el terrorismo de Estado.
Con el respaldo explícito del Gobierno, la figura de Santiago Olivera se consolida como un símbolo del intento por reescribir la historia reciente desde una mirada que busca relativizar los crímenes cometidos por el Estado. En este escenario, el mensaje de Pascua no fue un simple saludo religioso, sino una nueva señal política con fuertes implicancias.