La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el actual episodio de El Niño podría convertirse en uno de los más intensos de la historia. En Argentina, el Gobierno activó un plan federal de prevención con alertas anticipadas, monitoreo de ríos y protocolos para zonas urbanas y rurales.
El sistema climático global ingresó en una fase de máxima alerta. Informes internacionales y organismos nacionales coincidieron esta semana en advertir sobre la consolidación de un evento de magnitud excepcional, denominado como Súper Niño, que impactará de lleno en el territorio argentino durante los próximos meses.
De acuerdo a la última actualización estacional de la Organización Meteorológica Mundial, difundida el 21 de octubre en Ginebra por su secretaria general, la argentina Celeste Saulo, el fenómeno continuará fortaleciéndose hasta alcanzar su pico máximo en diciembre de 2026. La proyección estima una anomalía de hasta 3,8 °C en la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial, un valor que lo ubicaría entre los más intensos jamás registrados.
La OMM calificó al episodio como de intensidad «muy fuerte» y advirtió que sus efectos no concluirán con el pico, sino que se extenderán durante gran parte del verano y el otoño austral, hasta marzo de 2027. En la misma línea, el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos mantiene una probabilidad superior al 90% de que se sostengan condiciones fuertes a muy fuertes durante el trimestre enero-marzo de 2027.
En Argentina, el impacto ya está proyectado. Se esperan tormentas severas de alta recurrencia, olas de calor prolongadas y crecidas significativas en los ríos de la Cuenca del Plata, con especial incidencia en el Litoral, la región central y Cuyo. El noreste de la Patagonia también aparece entre las zonas con lluvias superiores a lo normal, mientras que el oeste del NOA podría presentar el comportamiento inverso.
Ante ese escenario, el Gobierno nacional puso en marcha el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026-2027, bajo la órbita de la Agencia Federal de Emergencias y con participación de la Secretaría de Agricultura. El esquema contempla protocolos diferenciados para áreas rurales y urbanas, con recomendaciones que van desde el resguardo de cosechas y ganado hasta la limpieza de desagües, revisión de techos y retiro de objetos que puedan ser desplazados por el viento.
Uno de los ejes centrales de la estrategia es el sistema de alerta temprana. El Servicio Meteorológico Nacional opera actualmente con la red de radares más amplia desplegada en el país durante un episodio de El Niño, lo que le permite emitir avisos por tormentas, granizo y vientos intensos con hasta 72 horas de anticipación.
Ese monitoreo se complementa con el trabajo del Instituto Nacional del Agua, que realiza un seguimiento en tiempo real de los niveles de los ríos para anticipar crecidas, y de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, que aporta información satelital sobre el estado hídrico del suelo. Vialidad Nacional, por su parte, ejecuta tareas preventivas en alcantarillas y puentes de nueve provincias consideradas críticas, mientras que las fuerzas federales y las Fuerzas Armadas permanecen en apresto para tareas de evacuación y asistencia logística.
Desde los organismos técnicos remarcaron que, si bien el fenómeno no implica lluvias en todo el territorio de manera uniforme, sí eleva de forma considerable el riesgo de anegamientos, cortes de servicios y brotes sanitarios asociados a la humedad, como el dengue. Por ese motivo, insisten en mantener la consulta diaria de los pronósticos oficiales.