La historia oficial indica Lobos y el 8 de octubre de 1895, pero una línea de investigaciones sostiene que nació dos años antes en Roque Pérez y fue anotado como Juan Domingo Sosa. Su origen indígena, la infancia patagónica y el enigma de su apellido siguen alimentando el debate historiográfico.
Este 8 de octubre se cumplen 131 años del natalicio de Juan Domingo Perón, figura central de la política argentina del siglo XX, y la efeméride vuelve a poner en primer plano un enigma que la historiografía no termina de cerrar: cuándo y dónde nació realmente.
El relato consagrado por el Estado sitúa su llegada al mundo en una vivienda de calle Buenos Aires 1380, en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895. Sin embargo, un conjunto de historiadores defiende una cronología distinta: el 7 de octubre de 1893, en un rancho de adobe en las afueras de Roque Pérez, a unos 40 kilómetros de Lobos.
Uno de los principales impulsores de esa segunda versión fue el médico Hipólito Barreiro, quien atendió a Perón en el exilio y publicó el libro Juancito Sosa, el indio que cambió la historia. Allí planteó que el futuro presidente vio la luz en Roque Pérez en 1893. En la misma línea trabajó el historiador Norberto Galasso, fallecido el pasado 7 de septiembre de 2026, quien en Perón. Formación, ascenso y caída retomó esa reconstrucción.
El punto de apoyo documental más citado es el bautismo. El acta, labrada el 14 de enero de 1898 en la parroquia de Lobos, no lo inscribe como Perón sino como Juan Domingo Sosa, hijo natural de Juana Sosa. Incluso, frente al rancho de Roque Pérez un cartel oficial señala: “el 7 de octubre de 1893 nace en esta casa Juan Domingo Perón y pasa aquí sus primeros años”.
Para Galasso y Barreiro, la explicación radica en la situación familiar. Mario Tomás Perón y Juana Sosa no estaban casados al momento del nacimiento. En la sociedad de fines del siglo XIX, ser hijo extramatrimonial implicaba un fuerte estigma, lo que habría motivado una inscripción tardía en el Registro Civil de Lobos como “hijo natural del declarante”, con fecha corrida a 1895. Recién el 25 de septiembre de 1901 sus padres contrajeron matrimonio y el niño fue reconocido legalmente con el apellido paterno.
El historiador Enrique Pavón Pereyra, en Yo, Perón, recuperó una reflexión que atribuyó al propio general sobre esa condición, cuestionando la legislación de la época que impedía investigar la paternidad mientras marcaba a la madre y al hijo.
Otro eje del debate es la ascendencia materna. Juana Sosa provenía de una familia criolla con raíces indígenas, línea por la cual Perón reivindicaría su origen. En una entrevista de 1967 afirmó sentirse orgulloso de su origen indio, y en otra oportunidad expresó sentirse honrado por llevar sangre tehuelche de quienes poblaron el territorio siglos antes de la colonización.
Por vía paterna, Mario Tomás Perón era hijo de Tomás Liberato Perón, senador de filiación mitrista, médico en la Guerra del Paraguay, a quien se le atribuye haber aplicado por primera vez la vacuna antirrábica en el país y haber presidido el Consejo Nacional de Higiene. Mario había iniciado Medicina y luego se volcó a la actividad agropecuaria.
La infancia de Juan Domingo transcurrió entre el campo bonaerense y el sur. Creció entre caballos y peones, con la figura del domador Sixto “el Chino” Magallanes como iniciador en la monta. De esos años rurales también quedó la anécdota del cráneo de Juan Moreira, el gaucho muerto en Lobos en 1874, que según la memoria familiar habría llegado a manos de su abuelo y que el niño usaba para asustar, antes de que la pieza terminara en el Museo de Luján.
Las dificultades económicas empujaron a la familia hacia la Patagonia. Mario se instaló primero en Santa Cruz y luego se sumó el resto del grupo familiar. Esa etapa en un territorio de frontera, marcado por el contraste entre grandes propietarios y peones empobrecidos, sería evocada por Perón para explicar su cercanía con los sectores populares.
Ya adolescente, regresó a Buenos Aires, vivió con su abuela paterna y evaluó seguir Medicina. Optó por las armas: en 1911 ingresó al Colegio Militar de la Nación con una beca por su rendimiento. Ese fue el inicio de la carrera que lo llevaría al centro de la escena nacional.
Tras el golpe de 1943 que derrocó a Ramón Castillo, asumió al frente del Departamento Nacional de Trabajo, convertido luego en Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde impulsó el aguinaldo, las vacaciones pagas, las indemnizaciones y los convenios colectivos.
El vínculo con el movimiento obrero se consolidó el 17 de octubre de 1945, cuando una movilización masiva a Plaza de Mayo exigió su liberación tras haber sido obligado a renunciar y detenido. Ese respaldo abrió el camino a la presidencia en 1946 y a la reelección en 1951, interrumpida por el golpe de septiembre de 1955 que dio inicio al exilio y a la proscripción.
El retorno se concretó en noviembre de 1972 y, tras el levantamiento de la proscripción, ganó las elecciones de septiembre de 1973 con el 62% de los votos, asumiendo el 12 de octubre. Su tercer mandato duró ocho meses y 19 días: falleció el 1 de julio de 1974, a los 78 años, en ejercicio del cargo.