La organización estudiantil vinculada a La Cámpora transformó una discusión por los micros en un nuevo capítulo de la interna peronista bonaerense. El reclamo contra la Provincia quedó asociado a la consigna “Cristina Libre” y volvió a poner en evidencia la estrategia del sector kirchnerista de confrontar con Axel Kicillof incluso en una jornada atravesada por la memoria y los derechos humanos.
La disputa por el traslado de estudiantes a La Plata terminó mostrando, una vez más, que La Cámpora está decidida a convertir cada escenario político en una nueva instancia de confrontación con Axel Kicillof.
El episodio ocurrió en torno a la movilización por el 50° aniversario de la Noche de los Lápices, una fecha vinculada a la desaparición y asesinato de estudiantes secundarios durante la última dictadura. Sin embargo, en los días previos a la marcha, la organización estudiantil vinculada a La Cámpora colocó en primer plano una disputa con el Gobierno bonaerense por los micros destinados al traslado de jóvenes desde distintos puntos de la provincia.
El reclamo tuvo además un componente político explícito: la FES sostuvo que el cambio en el esquema de transporte estaba relacionado con la consigna “Cristina Libre”, una bandera directamente vinculada con la situación judicial de Cristina Kirchner.
Desde el Gobierno bonaerense rechazaron esa interpretación y sostuvieron que las organizaciones debían resolver sus propios mecanismos de traslado y que el Estado no tenía por qué financiar una movilización política.
La Cámpora encontró otro escenario para confrontar
El episodio permite observar una característica recurrente de la interna peronista bonaerense: La Cámpora utiliza estructuras políticas y estudiantiles para marcar diferencias con el gobernador y disputar públicamente el sentido de las movilizaciones.
La FES, cuya conducción está vinculada a La Cámpora, decidió convertir el problema de los micros en un enfrentamiento directo con la administración provincial. La organización sostuvo que existía un cambio respecto de años anteriores y cuestionó públicamente al Ejecutivo.
Pero el conflicto no quedó limitado a una cuestión administrativa.
La propia organización incorporó como eje del reclamo la consigna vinculada a Cristina Kirchner. Durante la marcha, además, su conducción reivindicó expresamente esa bandera.
El resultado fue que una jornada cuyo centro histórico es el recuerdo de estudiantes perseguidos, secuestrados y desaparecidos terminó exhibiendo con claridad la fractura política del peronismo bonaerense.
Una fecha de memoria utilizada como campo de batalla interno
La discusión plantea un interrogante político que excede los micros: ¿hasta dónde puede llevarse una interna partidaria antes de desplazar el sentido principal de una fecha histórica?
La Noche de los Lápices tiene una identidad propia y está directamente relacionada con la lucha estudiantil, la memoria y el terrorismo de Estado. El propio Gobierno bonaerense recordó oficialmente el aniversario y reivindicó las políticas vinculadas con el boleto estudiantil y la memoria histórica.
Sin embargo, la columna vinculada a La Cámpora llegó a la movilización con una agenda política adicional: el reclamo por Cristina Kirchner y su eventual candidatura.
La Nación consignó que las agrupaciones estudiantiles de La Cámpora marcharon con banderas reclamando la libertad de la expresidenta y planteando su candidatura para 2027, mientras Kicillof participó de la movilización desde otra columna política.
Ese contraste terminó haciendo visible una interna que ya no puede ocultarse detrás de discursos de unidad.

La estrategia de señalar siempre al otro
El episodio también expuso una dinámica que se repite: la construcción de un adversario interno al que se atribuye la responsabilidad por cada tensión.
En este caso, La Cámpora presentó la decisión sobre los micros como una señal política del Gobierno bonaerense y acusó a la administración de condicionar la movilización.
La Provincia respondió con una explicación completamente diferente: según el Ejecutivo, el Estado no había retirado un derecho sino que había establecido que las organizaciones políticas debían hacerse cargo de sus propios traslados.
La diferencia de versiones es importante porque no existe evidencia independiente que permita afirmar que el Gobierno bonaerense haya condicionado efectivamente el transporte a retirar la consigna “Cristina Libre”. Esa fue la interpretación política planteada por la FES.
Pero sí existe un dato concreto: la organización estudiantil decidió hacer público el conflicto y utilizarlo para confrontar con Kicillof.
La interna ya atraviesa las calles
La marcha terminó siendo una fotografía de la fractura.
Kicillof participó junto a sectores identificados con su propio espacio político, mientras La Cámpora encabezó una columna diferenciada. Según las crónicas de la jornada, finalmente hubo un esquema de convivencia entre los distintos sectores para evitar que la interna escalara durante la movilización.
Pero la tensión quedó expuesta.
La Cámpora volvió a demostrar que su disputa con Kicillof no se limita a reuniones partidarias ni a discusiones sobre candidaturas. También aparece en organizaciones juveniles, movilizaciones estudiantiles y actos vinculados con fechas históricas.
Y allí aparece el principal cuestionamiento político que deja este episodio: una estructura partidaria con enorme capacidad de movilización decidió colocar una interna del presente en el centro de una jornada cuyo significado histórico pertenece a los estudiantes víctimas del terrorismo de Estado.
La discusión sobre los micros fue apenas el disparador.
Detrás apareció otra vez la pelea por el liderazgo del peronismo bonaerense, con La Cámpora buscando preservar el protagonismo del kirchnerismo y Kicillof intentando consolidar un espacio político propio.
La Noche de los Lápices terminó así mostrando algo que el peronismo bonaerense intenta disimular: la unidad es cada vez más difícil cuando las distintas facciones compiten por el control político del mismo territorio.
Y mientras unos y otros buscan responsabilizar al adversario por las tensiones, La Cámpora volvió a convertir una movilización masiva en una vidriera de su confrontación con el gobernador.
Ese es, finalmente, el dato político que dejó el episodio: la interna no desapareció detrás de una fecha histórica. Por el contrario, volvió a quedar expuesta en plena calle.