Mayans y Di Tullio salieron a reclamar por la interna entre Kicillof y Máximo: “Hay que terminar con la rosca”

Los principales referentes del peronismo en el Senado hicieron público su malestar por la disputa que atraviesa al espacio. El reclamo apunta a bajar la tensión entre el gobernador bonaerense y el dirigente de La Cámpora, mientras crece la preocupación por el impacto que la fractura pueda tener en el armado electoral de 2027.

La interna que desde hace meses enfrenta a distintos sectores del peronismo volvió a quedar expuesta públicamente y esta vez fueron dos figuras de peso del bloque justicialista en el Senado, José Mayans y Juliana Di Tullio, quienes reclamaron que la dirigencia deje de profundizar las diferencias y encuentre una salida política.

El planteo aparece en un momento particularmente delicado para el peronismo. La disputa entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner ya no se limita a diferencias reservadas entre dirigentes: alcanzó al debate público, involucra distintas estrategias para el futuro del PJ y amenaza con condicionar la construcción de una alternativa electoral para 2027.

Mayans y Di Tullio expresaron, con distintos matices, un cansancio que también atraviesa a otros sectores del justicialismo. El reclamo central es que las diferencias internas no terminen convirtiéndose en un obstáculo permanente para la construcción política.

Una interna que ya excede a sus protagonistas

El conflicto tiene como protagonistas principales a Kicillof y Máximo Kirchner, pero detrás de ambos dirigentes se alinean sectores que disputan espacios de poder, conducción y estrategia electoral.

Kicillof viene impulsando una construcción política propia en la provincia de Buenos Aires, con la intención de ampliar el espacio peronista y preservar una identidad política que no quede subordinada exclusivamente al kirchnerismo. Desde su entorno, además, se insiste en la necesidad de mantener unido al denominado campo popular y evitar una ruptura que termine favoreciendo al oficialismo nacional.

Del otro lado, Máximo Kirchner y el sector que conduce La Cámpora continúan reivindicando el liderazgo político de Cristina Fernández de Kirchner y cuestionando el rumbo que tomó el gobernador bonaerense.

En julio, Máximo volvió a plantear públicamente que Cristina Kirchner debía ocupar un lugar central en el futuro electoral del espacio, una definición que fue interpretada como otro capítulo de la disputa con Kicillof.

La consecuencia es un escenario cada vez más complejo: mientras algunos dirigentes buscan una fórmula de unidad, otros sectores ya contemplan la posibilidad de una competencia interna que permita ordenar las candidaturas.

El contraste que genera el reclamo

En este punto aparece una discusión política que merece ser puesta sobre la mesa.

A pesar de la dureza de la interna, no existe una sucesión pública de declaraciones de Axel Kicillof atacando directamente a Cristina Fernández de Kirchner o a Máximo Kirchner con la misma intensidad que algunos sectores del kirchnerismo han utilizado para cuestionarlo.

Por eso, desde una mirada crítica sobre la situación, resulta llamativo que dirigentes que reclaman que “se dejen de rosquear” —entendiendo la expresión en el sentido político de dejar de agitar permanentemente la interna— coloquen el foco exclusivamente en la necesidad de que los principales protagonistas se sienten a resolver el conflicto.

El interrogante político es inevitable: si existe tanto malestar con la disputa interna, ¿por qué quienes tienen influencia dentro del espacio no consiguen ordenar a los sectores que alimentan públicamente el enfrentamiento?

La discusión no pasa solamente por pedir unidad. También implica asumir responsabilidades políticas sobre las conductas de quienes forman parte de cada sector.

En otras palabras, reclamar que Kicillof y Máximo “arreglen” sus diferencias puede resultar insuficiente si, al mismo tiempo, los dirigentes que tienen capacidad de conducción no logran frenar las declaraciones, operaciones y movimientos que profundizan la confrontación.

El reclamo de Mayans y Di Tullio

Las declaraciones de Mayans y Di Tullio reflejan precisamente ese hartazgo.

El jefe del bloque peronista en el Senado planteó que la dirigencia debería abandonar una disputa que, a su criterio, está perjudicando al conjunto del espacio. Di Tullio, por su parte, también expresó públicamente su fastidio y reclamó que los protagonistas encuentren una solución.

El tono de los cuestionamientos muestra que el problema dejó de ser una discusión exclusivamente bonaerense. La preocupación ya se instaló en sectores nacionales del PJ que observan cómo la pelea consume energía política mientras el espacio intenta definir una estrategia frente al gobierno de Javier Milei.

La advertencia tiene además una dimensión electoral. Diferentes sectores del peronismo vienen planteando que, si no se encuentra un mecanismo para ordenar las diferencias, una eventual competencia fragmentada podría complicar seriamente las posibilidades del espacio en 2027.

La pregunta que queda pendiente

El reclamo de unidad plantea una pregunta que excede a Kicillof y Máximo: ¿quién tiene realmente capacidad para ordenar al peronismo?

Porque la disputa no parece reducirse a un enfrentamiento personal. Hay diferencias sobre el liderazgo, la estrategia electoral, el futuro del PJ y el papel que debe desempeñar Cristina Kirchner.

Kicillof intenta consolidar una alternativa con mayor autonomía política, mientras que el kirchnerismo busca conservar la centralidad de Cristina y sostener su influencia en la definición del rumbo del espacio. Esa tensión explica buena parte de los cruces registrados durante los últimos meses.

El problema para el peronismo es que, mientras la discusión continúa, todavía no aparece una conducción capaz de establecer reglas claras para procesar las diferencias.

Mayans y Di Tullio hicieron visible el malestar. Pero la pregunta de fondo permanece abierta: ¿alcanzará con pedir que termine la interna o será necesario que quienes tienen poder político dentro del espacio también intervengan para evitar que la disputa siga creciendo?

Con las elecciones de 2027 cada vez más presentes en el horizonte, el tiempo para resolver esa contradicción comienza a convertirse en una variable política decisiva.

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