El Negrito Manuel: la historia que une a Argentina y Cabo Verde desde hace casi 400 años

Mucho antes de que ambos países compartieran una competencia deportiva internacional, Argentina y Cabo Verde ya estaban conectados por una historia de fe, servicio y devoción. El protagonista fue Manuel Costa de los Ríos, conocido como el Negrito Manuel, considerado el primer custodio de la Virgen de Luján y cuya causa de canonización continúa avanzando.

Una historia de fe que atravesó el océano

La distancia geográfica entre Argentina y Cabo Verde supera los 6.600 kilómetros. Sin embargo, existe un lazo histórico, religioso y cultural que une a ambas naciones desde el siglo XVII. Ese vínculo tiene como protagonista a Manuel Costa de los Ríos, popularmente conocido como el Negrito Manuel, un hombre nacido en el actual territorio caboverdiano que dedicó gran parte de su vida al cuidado de la imagen de la Virgen de Luján, patrona de la República Argentina.

La historia comienza en 1630, cuando una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción viajaba desde Brasil con destino a Santiago del Estero. Durante el trayecto, la carreta que la transportaba se detuvo en las cercanías del río Luján y los animales que tiraban del vehículo se negaban a continuar la marcha.

Tras varios intentos sin éxito, los viajeros decidieron descargar parte del cargamento. Fue entonces cuando retiraron una de las cajas y, de manera inmediata, los bueyes retomaron el camino. Al abrir el cajón, descubrieron que contenía la imagen de la Virgen María. El hecho fue interpretado como una manifestación divina: la Virgen había elegido permanecer en ese lugar.

Aquel episodio dio origen a una de las devociones marianas más importantes de América Latina. Con el paso del tiempo, miles de fieles comenzaron a peregrinar hasta el sitio donde ocurrió el supuesto milagro, dando origen al histórico santuario que décadas más tarde se transformaría en la actual Basílica de Luján.

El hombre que nunca abandonó a la Virgen

Entre quienes presenciaron aquel acontecimiento se encontraba Manuel Costa de los Ríos. Había llegado al Río de la Plata como esclavo desde Brasil, aunque su lugar de nacimiento era Cabo Verde, un archipiélago ubicado frente a la costa occidental de África.

Su propietario le encomendó la tarea de custodiar la imagen de la Virgen. Lo que comenzó como una obligación terminó convirtiéndose en una auténtica misión de vida.

Durante más de cincuenta años permaneció junto a la imagen, recibiendo a los peregrinos, relatando la historia del milagro, colaborando con los enfermos y asistiendo espiritualmente a quienes llegaban en busca de consuelo. Su figura quedó profundamente ligada al crecimiento de la devoción mariana en Luján.

Tiempo después, cuando la imagen fue trasladada a la estancia de Ana de Matos, lugar donde actualmente se levanta la Basílica de Luján, la mujer decidió adquirir también la libertad de Manuel para que pudiera continuar acompañando a la Virgen.

En la documentación de aquella operación quedó asentado un dato singular: Manuel pasó a figurar como propiedad de la Virgen de Luján. Esa condición inspiró la frase con la que sería recordado durante generaciones:

«Soy de la Virgen nomás».

Un reconocimiento que perdura hasta nuestros días

Manuel falleció en 1686 luego de dedicar más de medio siglo al servicio de la Virgen. Sus restos descansan actualmente a pocos metros de la Basílica de Luján, donde continúan siendo motivo de homenaje para miles de peregrinos.

La Iglesia Católica le otorgó el título de Siervo de Dios, primer paso dentro del proceso de canonización. Su causa continúa abierta y, de avanzar favorablemente, podría convertirse en el primer santo profundamente vinculado al nacimiento de la devoción a la Virgen de Luján.

Su historia también representa un reconocimiento al aporte de las comunidades africanas en los orígenes de la Argentina colonial, muchas veces invisibilizado por el paso del tiempo.

Un puente histórico entre dos países

La figura del Negrito Manuel constituye hoy un símbolo que trasciende las fronteras. Mientras Argentina y Cabo Verde mantienen vínculos diplomáticos y culturales en la actualidad, la historia recuerda que ambos pueblos ya estaban unidos desde hace casi cuatro siglos por la fe, el compromiso y el servicio desinteresado de un hombre que encontró en la Virgen de Luján el sentido de toda su vida.

Mucho antes de cualquier encuentro deportivo o intercambio entre ambas naciones, Manuel Costa de los Ríos ya había construido un puente espiritual entre África y América, dejando un legado que continúa vivo en uno de los principales centros de peregrinación del país.

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