Más de 200 años después de su formulación, el principio de “América para los americanos” reaparece en la agenda internacional. La reciente operación estadounidense en Caracas reactivó el debate sobre el alcance histórico y actual de una doctrina que sigue marcando la política continental.
A más de dos siglos de haber sido enunciada, la Doctrina Monroe volvió a ganar protagonismo en el escenario global. Su nombre reapareció con fuerza en el contexto de la escalada de tensiones entre Estados Unidos y el gobierno de Nicolás Maduro, luego de una operación militar estadounidense en Caracas que derivó en la captura del presidente venezolano, acusado por Washington de narcotráfico y de representar una amenaza para la seguridad hemisférica.
El episodio fue interpretado por analistas y dirigentes políticos como una señal de que la histórica consigna de “América para los americanos”, impulsada desde Washington, continúa funcionando como marco conceptual —aunque resignificado— de la política exterior estadounidense hacia América Latina.
Orígenes y evolución de una doctrina histórica
La Doctrina Monroe fue anunciada en 1823 por el entonces presidente estadounidense James Monroe. En su formulación original, buscaba desalentar cualquier intento de recolonización europea en el hemisferio occidental y advertía que la intervención de potencias del Viejo Continente en los asuntos de los nuevos Estados americanos sería considerada una amenaza directa para Estados Unidos.
En sus inicios, el planteo tuvo un carácter más declarativo que operativo. Sin embargo, con el paso de las décadas, distintas administraciones estadounidenses ampliaron y reinterpretaron su alcance. En ese proceso, la doctrina pasó de ser una advertencia diplomática a convertirse, en determinados momentos, en un argumento para justificar intervenciones directas o indirectas en países de América Latina.

Venezuela y la denuncia de un “resurgimiento” doctrinario
La relación entre la Doctrina Monroe y la situación venezolana se explica, en buena medida, por la lectura que hace el propio gobierno de Caracas. Desde hace años, Maduro y su entorno denuncian lo que consideran una reactivación de esa política por parte de Washington, a la que acusan de intentar imponer su voluntad sobre Venezuela y otros países de la región bajo pretextos como la lucha contra el narcotráfico, la defensa de la democracia o la seguridad regional.
En 2025, el mandatario venezolano llegó a solicitar a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) una postura firme frente a lo que describió como una política sistemática de injerencia. Según esa visión, Estados Unidos buscaría transformar a América Latina en un escenario permanente de intervenciones y cambios de régimen con el objetivo de controlar recursos estratégicos.
Del otro lado, funcionarios estadounidenses apelaron a principios afines a la Doctrina Monroe para respaldar una línea más dura frente al chavismo. Argumentaron que la presencia de actores externos y actividades ilícitas con base en Venezuela representan un riesgo para todo el hemisferio occidental.
El “corolario Trump” y la primacía regional
En este contexto, algunos analistas hablan de una reinterpretación contemporánea conocida como el “corolario Trump” de la Doctrina Monroe. Esta versión actualizada refuerza la idea de la primacía estadounidense en América Latina y la necesidad de frenar la influencia de potencias extrahemisféricas como Rusia y, especialmente, China.
Durante su trayectoria política, Donald Trump combinó su lema de “Estados Unidos primero” con una visión que considera compatible el intervencionismo regional con la defensa de los intereses nacionales. Aunque criticó duramente al llamado “estado profundo” y a las guerras impulsadas por administraciones anteriores —como la invasión a Irak—, su política hacia Venezuela terminó ubicándolo en un terreno complejo y de alto impacto geopolítico.
Tras la operación en Caracas, calificada como precisa y sin precedentes, una parte significativa de la opinión internacional respaldó la decisión de Washington. Para esos sectores, la acción confirmó que las advertencias previas no eran meros gestos retóricos, sino que podían traducirse en hechos concretos.
Un debate abierto y cargado de controversias
La apelación a la Doctrina Monroe en el escenario actual no está exenta de polémicas. Sus críticos advierten que utilizarla como justificación para presiones económicas o acciones militares puede vulnerar el derecho internacional y profundizar los conflictos regionales. En cambio, quienes la defienden sostienen que responde a preocupaciones legítimas de seguridad y estabilidad.
Lo cierto es que el debate demuestra cómo un principio formulado hace más de 200 años sigue influyendo, aunque de manera reinterpretada, en la política exterior de Estados Unidos y en las narrativas de gobiernos como el venezolano. Hoy, el foco ya no está puesto en Europa, como en el siglo XIX, sino en contener la expansión de nuevas potencias globales en América Latina y reafirmar un liderazgo regional que continúa siendo objeto de disputa.