Por Miguel Saredi
Los ataques del Gobierno Nacional a intendentes como Federico Achával no son hechos aislados, sino que expresan un modelo centralista que concentra recursos y debilita a las provincias y a los municipios.
Nuestra investigación demuestra con claridad algo que los intendentes viven todos los días: el sistema tributario argentino está diseñado para que la Nación acumule recursos, mientras provincias y municipios cargan con las demandas sociales, de infraestructura y de servicios sin contar con los fondos necesarios para resolverlas.
La Constitución es clara respecto de las competencias tributarias, pero en la práctica la Nación recauda los impuestos más importantes —IVA y Ganancias—, administra la Coparticipación con normas rígidas y obsoletas y, además, distribuye fondos discrecionales según afinidades políticas.
Esto genera tres consecuencias gravísimas:
• Las provincias pierden autonomía fiscal.
• Los municipios quedan atrapados en un esquema de tasas limitadas y recursos insuficientes.
• La Nación utiliza la caja como herramienta de disciplinamiento político.
La Provincia de Buenos Aires es el ejemplo extremo de esta desigualdad: aporta mucho más de lo que recibe y, aun así, debe sostener al municipio más grande del país —La Matanza— y a distritos en pleno crecimiento como Pilar.
Por eso es injusto, improcedente y políticamente incorrecto que funcionarios nacionales pretendan responsabilizar a los intendentes por problemas generados por un modelo económico que no distribuye, no invierte y no comprende la realidad local.
Los municipios necesitan autonomía real, recursos propios y una coparticipación moderna, justa y verdaderamente federal.
El federalismo no puede seguir siendo una palabra vacía. Los intendentes están donde otros no están: en la calle, gestionando, escuchando y resolviendo. La Nación debe acompañar, no atacar. Debe descentralizar, no concentrar. Solo así será posible un desarrollo equilibrado en toda la Argentina.