La cooperativa láctea SanCor, símbolo histórico de la producción nacional, atraviesa uno de los momentos más críticos de su trayectoria. La empresa se encuentra en concurso de acreedores y acumula pasivos que rondan los 20.000 millones de pesos, correspondientes a sueldos, aportes sociales y obligaciones sindicales. Desde mayo no abona salarios ni pagó el medio aguinaldo, lo que en algunos casos se traduce en deudas individuales con trabajadores que superan los 100 millones de pesos.
En los supermercados y canales mayoristas, los productos tradicionales de la marca prácticamente desaparecieron. Ni yogures, ni leches, ni quesos de producción propia están presentes en las góndolas, mientras que solo subsiste una actividad mínima destinada a la elaboración para terceros.
La falta de recursos para afrontar compromisos con proveedores provocó un impacto directo en la cadena productiva. Entre los inconvenientes más graves se destacan la carencia de envases y la incapacidad de sostener un procesamiento superior a los 300.000 litros diarios.
El vínculo con el gremio ATILRA atraviesa una tensa estabilidad: debido a la situación judicial de la cooperativa, el sindicato no puede impulsar medidas de fuerza, a pesar de la magnitud de la crisis.
En un intento por reducir costos, SanCor ya desvinculó a 370 empleados, aunque esa medida no logró revertir la parálisis de la operatoria. La compañía lleva casi dos meses sin despachar productos propios ni recibir pedidos del mercado.
Los principales acreedores financieros son los fondos de inversión IGG y BAF Capital, con sede en los Países Bajos, junto con Sancor Seguros, lo que refleja el alcance internacional de los compromisos que enfrenta la histórica cooperativa láctea.