La Dirección General Impositiva (DGI) se encuentra en el ojo de la tormenta tras una reciente decisión que ha encendido alarmas sobre posibles conflictos de interés y prácticas poco transparentes. Andrés Vázquez, quien asumió hace apenas una semana como titular de la DGI, promovió a su pareja, María Eugenia Fanelli, al cargo de directora de la Dirección Regional Centro II de la Ciudad de Buenos Aires. Lo hizo con una disposición interna que solo contó con su firma y, al parecer, saltándose los protocolos establecidos.
El ascenso de Fanelli, de 44 años, es considerado no solo sorprendente por la rapidez con la que se otorgó, sino también por el nivel de salario que implicó. De un sueldo de entre 3,8 y 4,2 millones de pesos, pasó a un cargo que podría implicar ingresos de hasta 8 millones de pesos, lo que desató una fuerte polémica interna dentro del organismo. Este ascenso sin mediar procesos intermedios ha dejado a muchos cuestionando la transparencia del procedimiento.
Además, el nombramiento de Fanelli se produce en medio de un contexto complicado para Vázquez, quien recientemente fue denunciado por la compra de tres departamentos en Miami que nunca declaró ante la Oficina Anticorrupción. Los inmuebles, que suman un valor de 2 millones de dólares, nunca fueron mencionados en sus declaraciones juradas, lo que llevó a abrir una investigación judicial.
La decisión de Vázquez de promover a Fanelli también ha sido vista como una acción poco ética, dado que contraviene las pautas establecidas en el Código de Ética de la ex-AFIP. Este código establece que los funcionarios deben abstenerse de intervenir en decisiones que involucren a personas con las que tengan vínculos familiares o de pareja. En este caso, el ascenso de Fanelli, quien estaba bajo la supervisión de Vázquez, plantea un claro conflicto de interés.
Vázquez, quien tiene una larga trayectoria dentro del organismo tributario y conexiones con sectores del poder político, parece haber desafiado estas normativas en un contexto de gran presión. Con un historial de escándalos a sus espaldas, la pregunta ahora es si podrá mantenerse al frente de la DGI sin que su gestión se vea empañada por estos cuestionamientos.