A sus 99 años, Mirta Baravalle, una de las fundadoras de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, dejó este mundo sin haber encontrado a su nieto o nieta, nacido en cautiverio durante la dictadura. Esta tarde, el Municipio de San Martín se convertirá en el espacio donde familiares y allegados le brindarán su último adiós.
La historia de Mirta comenzó a entrelazarse con la tragedia en agosto de 1976, cuando su hija, Ana María, y su yerno, Julio César Galizzi, fueron secuestrados. Ana María, quien estaba embarazada de cinco meses, era una joven de 28 años que estudiaba sociología y trabajaba en el Ministerio de Hacienda. Tras su secuestro, Mirta recorrió innumerables lugares, desde comisarías hasta el Ministerio del Interior, buscando respuestas y enfrentándose al silencio de las autoridades.
En 1977, se unió a las primeras reuniones en la Plaza de Mayo, impulsadas por Azucena Villaflor, convirtiéndose en una de las catorce mujeres que fundaron el movimiento que marcaría la lucha por la memoria, la verdad y la justicia en Argentina. Con el tiempo, Mirta formó parte de Abuelas de Plaza de Mayo, buscando también a otros niños nacidos en cautiverio.
A lo largo de los años, Mirta Baravalle se destacó por su compromiso, registrando con su cámara fotográfica cada marcha y siendo una figura cercana a otras referentes como Norita Cortiñas. Años antes de su fallecimiento, le comentó a Myriam Bregman sobre el cansancio de su cuerpo, aunque su voluntad seguía firme. Mirta se despide con el sueño de que su nieto o nieta conozca la verdad sobre sus padres, un anhelo que mantuvo hasta el final.