En un nuevo acto provocativo, el Reino Unido ha decidido de manera unilateral extender su control sobre vastas zonas marítimas alrededor de las Islas Malvinas, sumando 166 mil km2 a las ya impuestas 283 mil km2 de exclusión. Esta acción, que prohíbe la navegación y la pesca en estas aguas estratégicas, ha desencadenado un enfrentamiento directo con Argentina y sus derechos soberanos.
La medida británica, anunciada el 26 de febrero, ha desafiado no solo la resolución 31/49 de la Asamblea General, que prohíbe actos unilaterales en la Cuestión Malvinas, sino que también viola los compromisos del Reino Unido en el marco de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA). Expertos señalan que esta ampliación del control, bajo el disfraz de una Área Marítima Protegida (AMP), tiene claras intenciones geopolíticas.
Guillermo Carmona, ex Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur de la Nación Argentina, denunció que la decisión británica es condenable por tres razones centrales: la violación de resoluciones internacionales, el quebrantamiento de compromisos en tratados medioambientales y el uso de medidas ambientales como herramientas geopolíticas.
Esta no es la primera vez que el Reino Unido provoca tensiones en la región. En 2011, anunciaron la creación de la AMP sobre 1.2 millones de km2 de mar, desencadenando una respuesta inmediata del gobierno argentino, que la calificó como un «acto de provocación». En esta ocasión, la expansión anunciada ha aumentado el control británico sobre el 36 por ciento de la zona marítima de las Islas Malvinas.
Bajo la fachada de la preservación marina, el Reino Unido no solo ignora los derechos soberanos argentinos, sino que también viola las normas de la CCAMLR, integrada por más de treinta países con reclamaciones sobre el Continente Antártico. La Convención fue creada con la intención de coordinar reglas comunes para la preservación de la zona, y la acción británica profundiza aún más el conflicto.
Hasta el momento, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina no ha hecho público su reclamo ante las autoridades británicas, dejando en suspenso el futuro desarrollo de esta escalada diplomática.