Desde la medianoche, el país se ve sacudido por un aumento descomunal del 7,5% en los combustibles. Este brutal incremento, impulsado por la voracidad impositiva del Gobierno y la codicia desmedida de las petroleras, deja a los ciudadanos al borde de la asfixia económica.
El Gobierno, en su afán recaudatorio, ha implementado la segunda etapa de la actualización impositiva a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, un auténtico golpe a los bolsillos de los ciudadanos que se traduce en un 4% de aumento. El restante 3,5% es atribuible al insaciable apetito de las petroleras, quienes, sin miramientos, han decidido engordar sus márgenes de rentabilidad.
Los gigantes del mercado, YPF, Shell (operada por Raizen), Axion y Puma, han decidido someter a la población a este aumento desmedido, controlando el 95% del mercado. Los precios estratosféricos de referencia en YPF en Buenos Aires alcanzan los 800 pesos para la nafta súper, 987 para la nafta premium, 914 para el diesel ultra y 1073 para el diesel premium. ¡Una bofetada económica que deja a los consumidores atónitos!
Este brutal tarifazo, que ha elevado los combustibles cerca del 95% desde mediados de diciembre, ha sumido al país en una crisis de demanda. Las ventas totales de naftas y gasoil en enero se desplomaron un 5,7%, alcanzando los 1.466.484 m3, evidenciando una caída del 7,5% en comparación con diciembre de 2023. La Secretaría de Energía informa que este aumento desmesurado contribuyó a la abrupta disminución del 25% en las ventas de productos premium.
Con la promesa de más aumentos en abril y mayo, la población se ve atrapada en un ciclo interminable de ajustes que, según la legislación tributaria, se regirá por el Indice de Precios al Consumidor del Indec. ¡Una bomba de tiempo para los bolsillos ya exhaustos de los ciudadanos!