Por Miguel Saredi – Secretario de Planificación Operativa del Municipio de La Matanza.
Queremos recordar en este 29 de mayo el fallecimiento del ministro de Juan Domingo Perón, Juan Pistarini, impulsor de la construcción entre varias grandes obras del aeropuerto internacional de Ezeiza, estación aérea que lo recuerda justamente llevando su nombre.

Juan Pistarini nació en Victorica, La Pampa a fines del SXIX, el 23 de diciembre de 1882 , y falleció como ya dijimos un 29 de mayo pero de 1956, en Buenos Aires.
Fue un gran militar y político, ministro de Obras Públicas durante tres gobiernos entre 1944 y 1952, y vicepresidente de Edelmiro Julián Farrell.

Durante sus gestiones hizo numerosas obras públicas, casi todas destinadas a las clases populares, pero la más significativa fue el aeropuerto de Ezeiza que lleva su nombre.
Fue actor principal en la creación de la Flota Fluvial del Estado y protagonista de la construcción de hospitales, escuelas, centros de recreación, y en general mucha obra pública al servicio de los sectores populares en consonancia con el gobierno peronista.
Se le deben también nada menos, que el complejo de Chapadmalal y el de Embalse de Río III.
Pero es muy recordada la inauguración oficial -el 30 de abril de 1949- durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, que fue por varios años el más grande del mundo en términos de superficie. Persecución Cárcel y Muerte El golpe de 1955 hizo que terminara su vida en penosas condiciones en una cárcel del sur.Pese a la enorme importancia que tuvo su tarea, en 1955, terminó encarcelado en Ushuaia, en penosas condiciones, investigado e inhibido para administrar sus escasos bienes. Su gestión de Pistarini había concluido el 4 de junio de 1952, pero tres años después, con el golpe que había terminado con el gobierno de Perón, Pistarini fue recluido en la cárcel de Ushuaia con cientos de dirigentes peronistas de todo el país.

El gobierno militar de 1955 resolvió por decreto Nº 194 del 29 de noviembre (resolución Nº 2/55), borrar el nombre de Pistarini en la estación aérea, rebautizando al aeropuerto simplemente como «Ezeiza».
La familia de Pistarini también fue perseguida y a él se le quitó incluso la pensión militar, negándosele asistencia médica, hasta su fallecimiento el 29 de mayo de 1956.
Alfonsin En 1985, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, el nombre de Pistarini volvió a ser reconocido, haciéndose lugar al pedido de restitución del nombre «Ministro Pistarini», al aeropuerto de Ezeiza.
Todavía creemos que la historia le debe un distintivo lugar por haber sido un gran funcionario por su capacidad y honestidad, y todavía no terminar de ser reconocido por gran parte de nuestro pueblo.
Un repaso a la historia del aeropuerto
El aeropuerto fue quizás una de las mayores obras públicas del gobierno de Juan D. Perón, con un nivel de planeamiento y monumentalidad envidiables. Más que un aeropuerto, fue todo un proyecto urbanístico que previó, además del crecimiento del tráfico aéreo por décadas, barrios para sus trabajadores, sectores recreativos, la forestación de 2.000 hectáreas para “separar” al aeropuerto de su entorno, un hotel y una autopista que lo conectaba con el corazón de la ciudad de Buenos Aires. Todo en la primera mitad del siglo XX y en menos de cuatro años.
Al momento de su inauguración se lo promocionó como el aeropuerto más grande del mundo, aunque esto es válido sólo si se consideraba el área ocupada por todo el proyecto, de casi 7.600 hectáreas (hoy el aeropuerto en sí ocupa 3.475 hectáreas), no las instalaciones aeroportuarias.
De acuerdo a una nota escrita por Pablo Luciano Potenze hace unos años para El Mensajero Turístico, “Se construyeron dos espigones (nacional e internacional) con capacidad para estacionar veinticuatro aviones simultáneos, de los que sólo se libró al servicio el primero, porque el tráfico del aeropuerto —que competía con Aeroparque— no llegó a justificar el uso del otro. Tampoco los edificios tuvieron mucho uso en los primeros años. El principal (de aproximadamente 19.000 m2) sobre el que se dispuso la torre de control, tuvo en sus plantas superiores oficinas administrativas y de tráfico aéreo, pero la planta baja estuvo vacía mucho tiempo y la mayor parte de los tres primeros pisos se destinó a una gran confitería bailable con grandes vistas a la plataforma reafirmando el concepto de aeropuerto espectáculo, ya que los aventanamientos hacia el lado de los aviones, son mucho más generosos que los que miran a la ciudad. El hotel internacional, de subsuelo, planta baja y cuatro pisos superiores, tuvo un funcionamiento conflictivo, y jamás recibió muchos pasajeros; en sus primeros tiempos estuvo en manos de la Fundación Eva Perón, luego fue concesionado y finalmente, luego de una breve administración del Ministerio de Bienestar Social de López Rega, fue clausurado a mediados de los años setenta”.