La comunidad científica volvió a las calles para reclamar por el futuro de la ciencia argentina

Investigadores, docentes, becarios y trabajadores del sistema científico se movilizaron en el Obelisco y en distintos puntos del país para cuestionar el ajuste presupuestario, la pérdida de puestos de trabajo y el deterioro de las condiciones laborales. El reclamo se inscribe en una crisis que, según referentes del sector, amenaza la continuidad de proyectos estratégicos y favorece la salida de profesionales altamente capacitados.

La ciencia argentina volvió a ocupar el espacio público. Investigadores, becarios, docentes universitarios y trabajadores vinculados al sistema científico y tecnológico participaron de una jornada de protesta que tuvo como uno de sus principales escenarios al Obelisco porteño y que también se replicó en diferentes ciudades del país.

La movilización estuvo atravesada por un reclamo central: frenar el deterioro de las instituciones científicas, recuperar el financiamiento y preservar los puestos de trabajo que, según las organizaciones del sector, se vienen perdiendo desde el inicio de la actual gestión nacional.

Con guardapolvos, carteles, pancartas y elementos propios de la actividad cotidiana en laboratorios y centros de investigación, los manifestantes buscaron poner en evidencia el contraste entre las herramientas con las que trabajan habitualmente y la magnitud del conflicto que enfrentan.

Una de las expresiones que sintetizó el espíritu de la protesta fue la idea de que las pipetas, los libros y las tizas constituyen las herramientas de quienes investigan y enseñan, mientras que la palabra y la movilización representan el recurso elegido para reclamar por sus derechos.

Reclamo por despidos y pérdida de puestos de trabajo

Uno de los principales cuestionamientos apunta al impacto laboral que tuvo el proceso de ajuste sobre el sistema científico. Referentes del sector sostienen que desde diciembre de 2023 se produjo una pérdida cercana a ocho puestos de trabajo diarios, una cifra que refleja el retroceso de la estructura científica estatal.

El dato también fue difundido durante las protestas del sector y aparece asociado a la reducción de becas, contratos y oportunidades de incorporación y desarrollo profesional. En junio de 2026, por ejemplo, investigadores y becarios denunciaron la posible desvinculación de 379 profesionales altamente calificados vinculados al CONICET.

La preocupación excede, por lo tanto, la situación de quienes pierden un empleo. Para la comunidad científica, cada investigador que abandona un proyecto representa también la interrupción de años de formación, experiencia y conocimiento acumulado.

Un sistema bajo presión presupuestaria

El reclamo se produce en un contexto de fuerte reducción de los recursos destinados a ciencia y tecnología. Un informe publicado este jueves señala que entre 2023 y 2026 la inversión científica y tecnológica cayó 45,7% en términos reales. En el mismo período, las universidades registraron una reducción presupuestaria del 24,4%.

Los propios investigadores advierten que la falta de financiamiento repercute directamente sobre la posibilidad de comprar insumos, sostener equipamiento, desarrollar experimentos, financiar viajes y participar en redes de cooperación científica.

La situación alcanza a distintas áreas. El sistema científico argentino incluye investigación básica y aplicada en campos como salud, biotecnología, energía, producción agropecuaria, ambiente, tecnología, astronomía y ciencias sociales, entre muchos otros.

A pesar del escenario crítico denunciado por los trabajadores, las instituciones científicas continúan desarrollando proyectos. El propio CONICET mantiene convocatorias para becas doctorales, de finalización de doctorado y postdoctorales durante 2026.

También continúan proyectos tecnológicos de alta complejidad. Entre ellos se encuentra la construcción de una instalación con múltiples telescopios en el Complejo Astronómico El Leoncito, un desarrollo que combina investigación científica, ingeniería e instrumentación tecnológica nacional.

La discusión por el futuro del conocimiento

Para quienes participaron de la movilización, el problema no se limita a salarios o puestos de trabajo. El planteo apunta a qué modelo de país se pretende construir y qué lugar ocuparán el conocimiento, la innovación y la investigación científica.

La comunidad científica sostiene que los recursos destinados a investigación deben ser considerados una inversión estratégica y no solamente un gasto estatal. En esa línea, advierten que interrumpir líneas de investigación o reducir la formación de nuevos especialistas puede tener consecuencias que recién se harán visibles varios años después.

La preocupación por la pérdida de profesionales tampoco es nueva. Durante los últimos años, distintas investigaciones periodísticas y testimonios de investigadores señalaron un incremento de la denominada «fuga de cerebros», vinculada a la búsqueda de mejores oportunidades laborales y científicas en el exterior.

La ciencia como política de Estado

El conflicto también reabre una discusión histórica sobre el papel del Estado en la promoción de la investigación científica y el desarrollo tecnológico.

Desde el Gobierno se han impulsado modificaciones destinadas a reducir estructuras y gastos dentro de organismos vinculados al área. En 2025, por ejemplo, el Decreto 447/2025 modificó la estructura de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación y eliminó ocho cargos de su Directorio, bajo el argumento oficial de simplificar su funcionamiento y reducir costos.

Para los trabajadores del sector, sin embargo, las medidas forman parte de un proceso más amplio de debilitamiento de las capacidades estatales de investigación.

Una protesta que busca trascender los laboratorios

La concentración frente al Obelisco volvió visible una discusión que durante años permaneció principalmente dentro de universidades, institutos y centros de investigación.

Los manifestantes buscaron trasladar esa preocupación a la sociedad: detrás de cada laboratorio existen proyectos relacionados con medicamentos, producción de alimentos, tecnología, energía, ambiente y salud pública.

La jornada también tuvo una dimensión simbólica. La utilización de elementos propios de la actividad científica permitió transformar las herramientas de trabajo cotidiano en símbolos de protesta.

La comunidad científica reclama así que el debate no quede reducido a una disputa salarial o presupuestaria, sino que incluya una discusión sobre el desarrollo del país y la capacidad argentina para producir conocimiento propio.

El escenario continúa abierto. Mientras las instituciones científicas mantienen investigaciones y convocatorias en distintas áreas, investigadores y trabajadores advierten que la pérdida sostenida de recursos humanos y materiales puede comprometer la continuidad de proyectos y provocar un retroceso difícil de revertir.

La protesta en el Obelisco y las concentraciones realizadas en distintas ciudades expresaron, en definitiva, una preocupación que atraviesa a buena parte del sistema científico: que la reducción de recursos y oportunidades termine debilitando una estructura construida durante décadas y provoque una nueva salida de profesionales especializados.

En las calles, la comunidad científica buscó dejar un mensaje: la discusión sobre ciencia y tecnología no se limita a quienes trabajan en un laboratorio. También involucra el futuro productivo, sanitario, educativo y tecnológico de la Argentina.

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