La iniciativa incluye la eliminación de las PASO, nuevas exigencias para partidos, cambios en el financiamiento y la adopción de la Boleta Única de Papel. El Senado será el primer escenario de discusión.
El Congreso nacional se prepara para analizar un ambicioso proyecto de reforma electoral que podría redefinir el funcionamiento del sistema democrático en Argentina. Impulsada por el presidente Javier Milei, la propuesta abarca desde la forma de elegir candidatos hasta los mecanismos de financiamiento y control de la actividad política.
Entre las medidas más destacadas figura la eliminación de las PASO, una herramienta que durante más de una década permitió a los ciudadanos participar en la selección interna de los partidos. Con este cambio, las fuerzas políticas recuperarán el control total sobre la definición de sus listas, lo que abre un debate sobre el nivel de participación ciudadana en esa instancia.
En cuanto al sistema de votación, la iniciativa introduce la Boleta Única de Papel como formato obligatorio en todo el país. Este modelo, que concentra toda la oferta electoral en un solo documento, busca evitar problemas logísticos como la falta de boletas y reducir el gasto público asociado a la impresión y distribución.
Nuevas condiciones para competir
El proyecto también pone el foco en la estructura de los partidos políticos. Para obtener reconocimiento legal, las agrupaciones deberán demostrar un respaldo ciudadano significativo en un plazo limitado, mientras que aquellas que aspiren a tener alcance nacional deberán contar con presencia territorial más amplia que la exigida actualmente.
Además, se implementarán mecanismos tecnológicos para validar adhesiones, reemplazando los tradicionales listados en papel. Esta modificación apunta a reforzar los controles y prevenir irregularidades en la constitución de partidos.
La propuesta incorpora, a su vez, la figura de Ficha Limpia, que restringe la participación electoral de dirigentes con condenas confirmadas en segunda instancia por delitos dolosos. Este punto se inscribe en una tendencia regional que busca elevar los estándares de integridad en la función pública.
Financiamiento, control y transparencia
Otro de los pilares de la reforma es la revisión del esquema de financiamiento político. El Gobierno plantea flexibilizar ciertos límites para los aportes privados, al tiempo que endurece las restricciones para evitar el ingreso de fondos de origen ilícito.
Se prohíben expresamente las contribuciones de actores vinculados a contrataciones con el Estado o involucrados en delitos económicos, y se establecen sanciones severas para quienes incumplan estas disposiciones.
Asimismo, se elimina la asignación de espacios gratuitos en medios audiovisuales para campañas, lo que podría modificar la dinámica de comunicación política y el acceso de las distintas fuerzas a la difusión masiva.
Otros cambios y escenario legislativo
La iniciativa también redefine el sistema de representación en el Parlamento del Mercosur, al proponer que sus integrantes sean designados por el Congreso en lugar de ser elegidos directamente por el voto popular.
En paralelo, se introducen ajustes en los tiempos de campaña y se refuerzan las restricciones a la publicidad oficial en períodos previos a las elecciones, con el objetivo de evitar ventajas indebidas para los oficialismos.
El oficialismo prevé iniciar el debate en el Senado, donde buscará construir consensos con las provincias. Sin embargo, el alcance de las modificaciones anticipa una discusión intensa, con sectores que respaldan la simplificación del sistema y otros que advierten sobre posibles retrocesos en términos de participación y equidad electoral.
La reforma, en caso de avanzar, marcaría un punto de inflexión en la historia política reciente del país, al redefinir reglas clave del proceso democrático y el funcionamiento de los partidos.