Médicos argentinos desarrollan piel a partir de células del propio paciente y marcan un avance clave en el tratamiento de heridas complejas

Un importante avance médico se concretó en la Ciudad de Buenos Aires, donde un equipo especializado logró desarrollar piel nueva a partir de células del propio paciente. La técnica se presenta como una alternativa más segura, eficaz y accesible para el tratamiento de quemaduras graves y otras lesiones cutáneas de difícil recuperación.

El trabajo fue llevado adelante por profesionales del área de Dermatología junto con un grupo de Bioingeniería de un reconocido hospital porteño. El objetivo central del desarrollo es mejorar la recuperación de personas que presentan dificultades para regenerar tejidos, como ocurre en casos de quemaduras profundas o úlceras que no cicatrizan con los métodos tradicionales.

El procedimiento recibe el nombre de cultivo autólogo dermo-epidérmico para autoinjerto y consiste en extraer una pequeña muestra de piel del propio paciente, cultivarla en laboratorio y luego utilizarla para cubrir o reparar las zonas dañadas. Al tratarse de tejido propio, se reducen de forma significativa los riesgos de rechazo, infecciones y otras complicaciones.

Hasta ahora, las alternativas más utilizadas incluían piel donada por otras personas, piel de origen animal o materiales sintéticos que imitan la piel humana. Si bien estas opciones permitieron avances en el tratamiento de heridas, también presentaban limitaciones en términos de compatibilidad, costos y resultados a largo plazo.

Desde el equipo médico explicaron que en las quemaduras de tercer grado se pierden todas las capas de la piel. La ausencia de la dermis, la capa intermedia, implica la pérdida de funciones esenciales como la elasticidad y la sensibilidad, lo que puede generar consecuencias graves para la calidad de vida del paciente si no se logra una correcta regeneración.

Cómo funciona la técnica paso a paso

El procedimiento se desarrolla en cuatro etapas claramente definidas:

  • Extracción: se obtiene una porción mínima de piel del paciente, que incluye dermis y epidermis. Generalmente se realiza en la zona inguinal, elegida por su buena capacidad de cicatrización.
  • Cultivo: el tejido se desarrolla en laboratorio utilizando plasma rico en plaquetas del propio paciente, que aporta factores de crecimiento y funciona como soporte celular. Al emplear solo componentes propios, se minimizan riesgos de rechazo o reacciones adversas.
  • Autoinjerto: entre 10 y 17 días después, la lámina de piel cultivada se coloca sobre la herida. Luego se cubre con gasa húmeda y se protege con un vendaje compresivo.
  • Cierre de la lesión: entre 30 y 120 días posteriores se completa la regeneración del tejido. La curación se considera exitosa cuando se forma la capa final de la piel.

Resultados y principales beneficios

El objetivo de esta tecnología es reactivar los mecanismos naturales de cicatrización y favorecer la regeneración del propio tejido del paciente. En la primera experiencia clínica, una persona con quemaduras logró recuperar el 95% de la elasticidad en la zona tratada, un resultado ampliamente superior al obtenido con piel artificial, que alcanza alrededor del 75%.

Entre las ventajas más destacadas del método se encuentran:

  • Menor riesgo: al utilizar únicamente tejido del propio paciente, se elimina el rechazo inmunológico y se reduce la posibilidad de contaminación biológica.
  • Mejor resultado estético: la cicatrización es más estable y presenta un aspecto más natural que el logrado con materiales sintéticos.
  • Procedimiento poco invasivo: la extracción de la muestra es ambulatoria y se realiza con anestesia local; en pacientes internados, se aprovecha la misma internación.
  • Reducción de costos: la producción de piel autóloga disminuye de manera significativa los gastos en comparación con los sustitutos dérmicos comerciales.

Este desarrollo abre una nueva alternativa terapéutica para el tratamiento de heridas complejas y refuerza el crecimiento de la bioingeniería de tejidos como un área clave dentro del sistema de salud argentino, con impacto directo en la calidad de vida de los pacientes.

Autor