En un giro que encendió todas las alarmas, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, acaba de oficializar la creación de un poderoso sistema de espionaje digital que incluye infiltrados en redes sociales, identidades ficticias registradas en bases oficiales y una escuela para formar a estos agentes secretos. El aparato está diseñado para operar en las sombras del mundo virtual, bajo el amparo de resoluciones que refuerzan el poder de las fuerzas federales en tareas de vigilancia encubierta.
El nuevo esquema fue oficializado esta semana mediante dos resoluciones publicadas en el Boletín Oficial. Una de ellas establece un protocolo de actuación para agentes encubiertos digitales, autorizando explícitamente la creación de perfiles falsos para infiltrar comunidades virtuales bajo sospecha. La otra disposición da nacimiento a un Consejo Académico encargado de formar y capacitar a estos nuevos “soldados de la red”.
Bajo esta estructura, los agentes podrán ingresar a redes sociales, grupos de mensajería y foros con identidades completamente inventadas para interactuar con personas a las que el poder considere “sospechosas”. Esto significa que ya no se trata solo de monitorear contenido, sino de participar activamente en las conversaciones, manipular escenarios e incluso provocar situaciones para luego judicializarlas.
Las resoluciones despiertan serias preocupaciones entre organismos de derechos humanos y expertos en seguridad, quienes advierten que se está institucionalizando una forma de vigilancia masiva por fuera del control judicial efectivo.
🔺 El plan secreto detrás del teclado
El corazón de esta iniciativa es la Unidad Especial de Agentes Encubiertos, creada en noviembre de 2023, que ahora se fortalece con nuevas funciones. Su objetivo es centralizar, supervisar y promover el accionar de infiltrados digitales. A cargo de esta oficina se encuentra Graciela Valeria Kowalewsky, una funcionaria formada en un centro de estudios estratégicos con vínculos militares estadounidenses. La unidad opera bajo el ala de Fernando Soto, mano derecha de Bullrich y abogado del polémico caso Chocobar, el policía que mató por la espalda a un delincuente en La Boca.
Soto no solo supervisa a los agentes sino que también tiene la última palabra sobre quiénes pueden ser designados como infiltrados. El proceso de selección incluye una especie de “control de calidad” a cargo del propio Soto, quien puede rechazar postulaciones hasta encontrar un agente “apto”.
Una vez seleccionado, el agente debe crear una biografía ficticia que será oficializada a través del Renaper, dotándolo de una identidad totalmente legal y funcional. En casos excepcionales, incluso podría seguir usándola una vez finalizada la misión. Este punto es uno de los más críticos, ya que implica la fabricación de identidades falsas con aval del Estado, algo que especialistas califican como una bomba legal.
⚠️ “Es gravísimo”, advierte Beatriz Busaniche, referente de la Fundación Vía Libre. “Están creando ciudadanos fantasmas registrados en la base de datos oficial del país. Esto no solo viola la privacidad de la población, sino que abre la puerta a todo tipo de abusos”, señaló.
🔻 La escuela de espías
Como si todo esto no fuera suficiente, Bullrich también puso en marcha un consejo académico que actuará como escuela de formación para los agentes encubiertos. Estará presidido por el juez Ricardo Basílico, quien además tiene a su cargo causas por crímenes de lesa humanidad. Lo acompañan Soto, Manfroni (jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad) y representantes de todas las fuerzas federales, además de cinco miembros externos designados directamente por la ministra.
Los nombramientos durarán tres años, lo que garantiza que Bullrich mantendrá injerencia en esta red de inteligencia incluso si deja su cargo actual.
💥 “Lo que está haciendo Bullrich es blindar legalmente prácticas que hasta ahora se ejecutaban por las sombras”, explica Claudio Pandolfi, docente universitario en Seguridad Ciudadana. “Ahora se normativiza lo que antes era discrecional. Y eso genera un doble filo: por un lado se ordena; por el otro, se institucionaliza una forma de vigilancia sin control ciudadano”.
🔎 Un Estado que espía en silencio
En medio de un clima social tenso, con protestas reprimidas, salarios ajustados y pobreza infantil en aumento, la ministra apuesta a una herramienta más propia de tiempos oscuros que de una democracia consolidada. La vigilancia, lejos de limitarse a criminales, podría extenderse a todo aquel que cuestione al poder, opine libremente o se organice políticamente.
“Estamos viendo una carrera por el control de la información y la inteligencia dentro del propio oficialismo”, advierte Myriam Bregman, diputada y defensora de los derechos humanos. “Mientras el país atraviesa una crisis brutal, se destinan recursos millonarios a montar operaciones de espionaje internas que recuerdan a épocas que creíamos superadas”.
Los agentes encubiertos digitales ya están entre nosotros. Pueden ser un nuevo contacto, un retuit, un comentario inocente. La pregunta que queda flotando es: ¿Quién será el próximo en ser vigilado?