A 70 años de aquel 16 de junio de 1955: la jornada que buscó asesinar a Perón y sembró terror en Buenos Aires

A 70 años del brutal ataque aéreo contra Plaza de Mayo, se recuerda uno de los episodios más sangrientos y silenciados de la historia argentina. El 16 de junio de 1955, un conjunto de sectores militares, civiles y religiosos llevó a cabo un atentado contra el presidente Juan Domingo Perón con el objetivo de derrocar su gobierno e instaurar un nuevo orden político y económico en el país.

El plan, que incluyó el bombardeo del centro de la ciudad de Buenos Aires en pleno horario laboral, dejó como saldo más de 350 muertos y 800 heridos. La masacre tuvo lugar luego de que Perón fuera alertado de la conspiración por una trabajadora del hogar del teniente de navío Carlos Massera, hermano del futuro almirante golpista de 1976, Emilio Massera. Esta información permitió a los servicios de inteligencia activar medidas defensivas y evitar que Perón cayera en el ataque, refugiándolo en el Edificio Libertador.

A pesar de que el elemento sorpresa había sido comprometido, los golpistas continuaron con su ofensiva. La Marina utilizó aviones de entrenamiento de origen estadounidense para atacar objetivos estratégicos. Sin embargo, algunos sectores de la Fuerza Aérea se mantuvieron leales al gobierno y repelieron la ofensiva.

El bombardeo fue acompañado de una operación mediática y simbólica. Desde Radio Mitre, un comando civil anunció la supuesta muerte del «tirano» y la llegada de una «nueva era de libertad». Entre los conspiradores se encontraban figuras como Mariano Grondona y Florencio Arnaudo, quien luego confesó que el plan incluía destruir la Casa Rosada y asesinar a Perón en las ruinas del edificio.

El intento de magnicidio fracasó, pero la violencia dejó una profunda huella. Uno de los episodios más trágicos fue la explosión de una bomba sobre un trolebús repleto de civiles. La CGT, en defensa del gobierno constitucional, movilizó a los trabajadores a Plaza de Mayo, exponiéndolos al fuego aéreo.

Muchos de los responsables huyeron a Uruguay, como el radical Miguel Ángel Zavala Ortiz, quien sería una figura clave del gobierno que asumió tras el derrocamiento de Perón en septiembre. Zavala Ortiz incluso celebró más tarde los fusilamientos del General Juan José Valle y otros militantes peronistas.

A pesar de la magnitud de la masacre, los medios de mayor circulación de la época dedicaron más espacio a los daños materiales que al drama humano. Años después, importantes historiadores minimizaron la masacre o la omitieron, poniendo el foco en los incendios de iglesias que ocurrieron tras el fallido golpe.

El ataque del 16 de junio de 1955 marcó el inicio de un ciclo de violencia política que sacudió a la Argentina durante décadas. Hoy, a siete décadas de aquella jornada, persiste el desconocimiento social sobre los hechos y sus consecuencias. Recordar esta historia no solo es un acto de memoria, sino también una advertencia sobre los peligros del odio político y el olvido.

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