En una sesión cargada de tensiones, el oficialismo y sus aliados lograron aprobar en Diputados un Decreto de Necesidad y Urgencia que otorga al gobierno la facultad de contraer deuda sin establecer montos ni condiciones. La decisión ha sido calificada como una entrega de soberanía, ya que la letra chica de este acuerdo será definida por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El endeudamiento aprobado representa una carga que recaerá en la ciudadanía. A pesar de que el electorado no votó a la actual administración para profundizar la deuda externa, los legisladores oficialistas y opositores aliados cedieron sin cuestionamientos ante las exigencias del organismo internacional.
Mientras se debatía la aprobación del DNU, miles de personas se manifestaban frente al Congreso en respaldo a los jubilados, quienes han sido los más perjudicados por el ajuste. La inminente eliminación de las moratorias previsionales dejará a gran parte de los trabajadores sin acceso a una jubilación digna, un reclamo que el FMI ha exigido históricamente cada vez que otorgó financiamiento al país.
El impacto del acuerdo no tardará en sentirse en la economía. El Banco Central ha perdido reservas en un intento desesperado por frenar la escalada del dólar, pero la exigencia del FMI de llevar la cotización oficial a niveles entre 1300 y 1600 pesos anticipa una nueva ola de inflación, esta vez sin actualización salarial.
Desde sectores opositores se han expresado advertencias sobre la legalidad del nuevo endeudamiento. La posibilidad de que sea declarado nulo podría derivar en litigios internacionales, lo que añade incertidumbre al ya complejo panorama económico.
La protesta social no ha tardado en intensificarse. La CGT ha anunciado un paro nacional para el 10 de abril y su adhesión a las movilizaciones de jubilados y trabajadores. A su vez, la tradicional marcha del 24 de marzo por la memoria y los derechos humanos cobrará una dimensión aún mayor en respuesta a las políticas gubernamentales.
El gobierno ha impulsado una serie de medidas que han generado indignación en amplios sectores de la sociedad. La eliminación de organismos dedicados a la memoria histórica, la reivindicación de represores y el desmantelamiento de políticas de derechos humanos forman parte de una agenda que ha provocado rechazo tanto a nivel nacional como internacional.
Las decisiones tomadas en el Congreso, lejos de representar los intereses del pueblo, parecen haber sido dictadas desde el exterior. La entrega de recursos, el ajuste y la represión han marcado el camino de una administración que prioriza el pago de la deuda por sobre las necesidades de la población.