Hoy 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, fecha instituida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (la FAO), para concientizar sobre los problemas del hambre y desnutrición que acechan al planeta
En los últimos años la producción de alimentos fue en crecimiento de la mano de la tecnología: la Revolución Verde, que le valió el Premio Nobel de la Paz a Norman Borlaug, allá por 1970. Él había resuelto el problema del hambre en los países más poblados y con mayor ritmo de crecimiento poblacional, como Pakistán y la India, con sus variedades de trigo y arroz, capaces de incrementar sustancialmente su rendimiento cuando se las fertilizaba, regaba bien y se controlaban las plagas con métodos que proveían el avance de la industria química y la mecanización.
La Revolución Verde se fue extendiendo por todo el mundo. En la Argentina, de la mano de Victor Trucco, se le ha dado cristiana sepultura al arado. Casi al mismo tiempo que nacía el Día de la Alimentación, aquí nacía una nueva agricultura. No sabíamos nada de “huella de carbono”. Pero sabíamos de erosión, de gasto de gasoil, de exceso de fierros. Necesitábamos una “agricultura más liviana” en todo concepto. La hicimos. Triplicamos la producción en los últimos 30 años, con menos insumos y equipos que en el Primer Mundo. Nosotros bautizamos esta epopeya como la Segunda Revolución de las Pampas. Eficiencia en el uso de los recursos, y al final del día, una agricultura más amigable con el medio ambiente.
Y este proceso Se dio en toda América. Desde Canadá hasta la Patagonia. Hay una impronta nueva en la agricultura.
La agricultura americana está dando pasos activos en dirección a constituirse en una forma de resolver el problema.