Es el tumor maligno de pulmón más común y puede desarrollarse incluso en personas que nunca fumaron. Suele no dar síntomas en sus etapas iniciales.
La operación a la que fue sometido el Papa León XIV puso en el centro de la escena médica a una patología frecuente: el adenocarcinoma pulmonar.
Se trata de un tumor que pertenece al grupo de cánceres de pulmón de células no pequeñas. Se origina en las células glandulares que producen sustancias como el moco y que se encargan de mantener húmedas las vías respiratorias. A diferencia de otros tumores que crecen cerca de los bronquios centrales, este suele localizarse en la periferia del pulmón.
Si bien el tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo, los especialistas destacan que también es el tipo de cáncer pulmonar más diagnosticado entre personas que nunca fumaron, vinculado a una combinación de predisposición genética y factores ambientales.
Una de sus características es que puede cursar de forma silenciosa. En fases tempranas muchas veces no provoca molestias y se detecta de manera incidental a través de una radiografía o una tomografía de rutina. Cuando aparecen síntomas, los más reportados son tos persistente que no cede, dolor torácico y dificultad para respirar.
El caso del pontífice fue abordado con una lobectomía videoasistida, es decir, la extirpación del lóbulo afectado con cirugía mínimamente invasiva. Según el parte oficial, el examen histológico extemporáneo confirmó el diagnóstico que ya se presumía en los estudios preoperatorios.
De acuerdo a centros de referencia como Moffitt y Cleveland Clinic, este tipo de tumor suele tener mejor pronóstico que otras variantes cuando se detecta localizado y se puede extirpar por completo. La necesidad de tratamientos posteriores dependerá de si hay compromiso de ganglios linfáticos y de los resultados del informe patológico definitivo.
El Vaticano comunicó que la intervención fue exitosa y sin complicaciones. El Papa permanece internado en el Hospital Gemelli bajo control clínico.