La empresa avícola atraviesa una grave crisis financiera, con plantas paralizadas, despidos y un concurso preventivo. En medio de las negociaciones laborales surgió la propuesta de abonar parte de los salarios con mercadería. El conflicto también quedó atrapado en la disputa política, mientras dirigentes de La Cámpora apuntaron contra el Gobierno nacional.
La crisis de Granja Tres Arroyos sumó en las últimas horas un capítulo tan llamativo como preocupante: en medio de las negociaciones laborales por los despidos y los salarios adeudados, trascendió que la compañía habría ofrecido a trabajadores de su planta de La Lonja, en Pilar, cobrar parte de sus haberes con pollos, justamente el producto que fabrica la empresa.
El planteo habría surgido durante las audiencias mantenidas con los representantes gremiales en el marco de la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense. La información fue difundida por medios que siguen el conflicto laboral en Pilar.
La situación tiene como telón de fondo una crisis mucho mayor. A comienzos de septiembre, Granja Tres Arroyos envió alrededor de 1.200 telegramas de despido: unos 700 trabajadores corresponden a Capitán Sarmiento, 450 a Esteban Echeverría y 50 a Pilar. Las cesantías quedaron temporalmente suspendidas a partir de la conciliación obligatoria dictada por la Provincia.
Una crisis laboral que no admite maquillaje
El Ministerio de Trabajo bonaerense intervino para retrotraer los despidos y abrir una instancia de negociación entre la empresa y los sindicatos. La primera conciliación obligatoria fue dictada el 4 de septiembre, con una vigencia inicial de 15 días hábiles y posibilidad de prórroga. Posteriormente se sumaron nuevas actuaciones vinculadas al personal representado por UATRE.
En ese escenario, la entrega de mercadería aparece como una salida extraordinaria frente a una situación que dejó de ser solamente empresarial para transformarse en un conflicto laboral de enorme impacto.
La propia Provincia informó que, en una de las primeras instancias de negociación, se había acordado la entrega de 1.000 cajones de pollo destinados a trabajadores despedidos y un pago de dinero a cuenta.
Pero existe una precisión importante: no todas las versiones coinciden sobre si los pollos fueron ofrecidos formalmente como parte del salario. Un delegado de Capitán Sarmiento negó ante TN que esa propuesta hubiera sido realizada en su planta y explicó que allí se había entregado mercadería por otras razones. Por eso, el alcance exacto de la propuesta debe circunscribirse a la planta y audiencia donde fue denunciada.
El dato que no puede esconderse: la empresa está en concurso
El conflicto laboral se desarrolla mientras Granja Tres Arroyos intenta reestructurar una deuda gigantesca.
Según la información presentada ante la Justicia, el pasivo del grupo alcanzaba al 31 de diciembre de 2025 unos $536.000 millones, sin incluir las obligaciones acumuladas posteriormente. La deuda incluía compromisos financieros, proveedores, impuestos, obligaciones laborales y fiscales y otras deudas comerciales. También se registraban más de $126.000 millones en cheques de pago diferido rechazados.
El pedido de concurso preventivo comprende distintas sociedades vinculadas al grupo, entre ellas Granja Tres Arroyos, Wade —operadora de la planta de Pilar—, Avex y Holding Agro Industrial S.A.
La empresa atribuyó su deterioro a una combinación de factores, entre ellos el debilitamiento del mercado interno, el incremento de costos, las importaciones de carne aviar y las dificultades que sufrió el sector exportador después del brote de gripe aviar de 2023.
La Cámpora entra en escena y apunta contra Milei
Mientras trabajadores y gremios buscan respuestas concretas sobre salarios y puestos laborales, el conflicto también fue incorporado a la disputa política.
Una diputada nacional identificada con La Cámpora, Fernanda Díaz, llevó el caso al Congreso y cuestionó las políticas del Gobierno de Javier Milei, atribuyendo a la administración nacional responsabilidad por la situación de los trabajadores.
La discusión merece, sin embargo, una mirada más amplia. El problema de Granja Tres Arroyos no comenzó con el episodio de los pollos ni puede reducirse a una consigna partidaria. La paralización de plantas, los despidos y el deterioro financiero vienen desarrollándose desde meses atrás y alcanzaron establecimientos ubicados en distintas provincias.
Por eso, el riesgo de convertir un conflicto laboral concreto en otra batalla discursiva entre oficialismo y oposición es que los trabajadores terminen nuevamente relegados a un segundo plano.
La política puede discutir responsabilidades y modelos económicos. Lo que no debería desaparecer detrás de esa pelea es la pregunta central: qué ocurrirá con los trabajadores, sus salarios y las plantas productivas.
Una crisis que exige respuestas, no consignas
La situación de Granja Tres Arroyos exhibe una combinación particularmente delicada: una compañía de enorme peso en la industria avícola, plantas paralizadas, más de un millar de despidos suspendidos por conciliación obligatoria, salarios que generan reclamos y un concurso preventivo para intentar ordenar las cuentas.
En ese contexto, la imagen de trabajadores recibiendo pollos en lugar de dinero resulta políticamente potente, pero también obliga a evitar simplificaciones.
El Gobierno bonaerense ya intervino mediante el Ministerio de Trabajo y las próximas audiencias serán determinantes para conocer si existe una salida que permita recuperar la producción y preservar los puestos laborales.
Mientras tanto, la dirigencia política —incluida La Cámpora— tiene por delante una discusión que va más allá de responsabilizar al adversario de turno: explicar qué propuestas concretas tiene frente a una crisis industrial que afecta a trabajadores, proveedores y comunidades enteras.
Porque si el resultado final de la disputa política vuelve a ser una sucesión de acusaciones cruzadas mientras las fábricas permanecen cerradas, quienes continuarán pagando el costo serán los trabajadores.