Las negociaciones para designar a los representantes legislativos en el Consejo de la Magistratura de la provincia de Buenos Aires volvieron a exponer las diferencias internas dentro del oficialismo. Un planteo de la vicegobernadora Verónica Magario alteró un acuerdo que parecía encaminado.
En medio de las disputas políticas que atraviesan al oficialismo bonaerense, una nueva negociación por la integración del Consejo de la Magistratura de la provincia de Buenos Aires dejó al descubierto diferencias entre los distintos sectores que conforman la coalición gobernante.
Mientras el gobernador Axel Kicillof continúa administrando las tensiones con el kirchnerismo, en las últimas horas surgió otro foco de conflicto que involucró al Frente Renovador y a la vicegobernadora Verónica Magario, en el marco de la definición de los representantes del Poder Legislativo dentro del organismo encargado de intervenir en la selección y control de magistrados provinciales.
Las conversaciones para completar la representación legislativa llevaban varias semanas y, según trascendía en distintos sectores del oficialismo, existía un principio de entendimiento para distribuir los lugares disponibles sin mayores inconvenientes. Sin embargo, el escenario cambió cuando Magario intervino personalmente en la negociación y propuso que el senador bonaerense Marcelo Feliú fuera designado como miembro suplente.
El planteo de la presidenta del Senado provincial respondió, según distintas versiones políticas, a la intención de reparar una situación ocurrida durante la última sesión de la Cámara alta. En aquella oportunidad, Feliú aparecía como uno de los nombres prácticamente confirmados para integrar el organismo, aunque las negociaciones de último momento terminaron desplazándolo de la nómina definitiva.
La decisión reabrió la discusión interna y generó malestar entre otros sectores del peronismo, especialmente dentro del Frente Renovador, que también buscaba conservar representación dentro del Consejo de la Magistratura.
El Consejo de la Magistratura bonaerense es uno de los organismos institucionales más relevantes del sistema judicial provincial, ya que tiene entre sus principales funciones la evaluación de postulantes para cubrir cargos judiciales, la elaboración de ternas para jueces y fiscales y la intervención en distintos procesos disciplinarios vinculados con magistrados. Debido a esas atribuciones, cada renovación de sus integrantes suele convertirse en una negociación política de alta sensibilidad.
La complejidad de la actual designación también responde a un aspecto técnico: los representantes legislativos deben cumplir determinados requisitos profesionales, entre ellos ser abogados en varios de los cargos previstos. Esa condición redujo considerablemente el margen de negociación dentro del bloque oficialista, donde el número de senadores que reúnen ese requisito es limitado.
Las diferencias por estos nombramientos se suman a un contexto de creciente tensión dentro del peronismo bonaerense, donde conviven los sectores alineados con Axel Kicillof, el kirchnerismo y el Frente Renovador. En las últimas semanas, la interna quedó expuesta en distintas discusiones legislativas y en el tratamiento de otros temas institucionales, reflejando la dificultad para alcanzar consensos incluso en cuestiones vinculadas al funcionamiento de los organismos del Estado.
Aunque las conversaciones continúan abiertas, la integración definitiva del Consejo de la Magistratura permanece condicionada por el delicado equilibrio político que atraviesa al oficialismo provincial, donde cada designación representa también una señal del reparto de poder entre los distintos espacios que integran la coalición gobernante.