LA PROVINCIA DE BUENOS AYRES DEBE DEJAR DE SER EXTRACTIVISTA, el nuevo paradigma económico

La provincia de Buenos Ayres concentra algunos de los recursos estratégicos más importantes del siglo XXI —tierra, agua, energía y biomasa—, pero continúa bajo un modelo extractivista que exporta materias primas sin generar el valor agregado que impulsa el desarrollo. El planteo propone reemplazar esa lógica por un paradigma agrobioindustrial basado en la innovación, la industrialización local, la regionalización productiva y el fortalecimiento del interior bonaerense como eje de una nueva estrategia económica.

Por Luis Gotte – Junín, capital de los bonaerenses Buenos Ayres Humana

Durante el S.XIX la riqueza se concentró en la tierra. El S.XX estuvo dominado por el petróleo y la industrialización. Pero el S.XXI tendrá tres grandes protagonistas: la tierra, la energía y el agua. La provincia de Buenos Ayres reúne esas tres condiciones en una escala excepcional. Sin embargo, continúa administrándolas como recursos aislados, cuando debería integrarlas en una única estrategia de desarrollo provincial.

Buenos Ayres posee uno de los suelos agrícolas más productivos del mundo, una extensa red hídrica, un extraordinario potencial para producir energías renovables y una de las mayores concentraciones de biomasa del continente. Sin embargo, gran parte de esa riqueza abandona la provincia con escasa transformación industrial. Se exportan granos, carnes y materias primas, mientras el verdadero valor agregado se genera en los países de destino.

Ese es el límite del modelo extractivista impuesto por los liberales desde 1861. La provincia produce riqueza, pero no logra retenerla ni convertirla en empleo calificado, desarrollo científico o innovación tecnológica…ningún gobernador porteño intentó hacer algo diferente.

La discusión ya no pasa por producir más toneladas de maíz, trigo o soja. El verdadero desafío consiste en transformar cada hectárea en una plataforma de generación de energía, alimentos funcionales, biomateriales, bioquímicos y nuevas tecnologías.

La tierra deja de ser solamente un soporte para cultivos y pasa a convertirse en una fábrica biológica. El agua deja de verse únicamente como un recurso natural para integrarse a un sistema inteligente de producción, riego, logística y generación energética. La biomasa deja de considerarse un residuo para transformarse en el principal insumo de una nueva economía industrial.

La provincia necesita abandonar definitivamente el paradigma extractivista y construir un Modelo Bonaerense de Desarrollo Agrobioindustrial, donde cada región aproveche sus propias ventajas productivas y cada municipio participe de las cadenas de valor según sus capacidades.

Esta transformación exige autonomía municipal, regionalización productiva, recuperación de los pueblos del interior, inversión en ciencia aplicada y una estrecha articulación entre el Estado, las universidades, el sistema científico y laboratorios y el sector privado.

La gran riqueza del S.XXI ya no será únicamente la posesión de recursos naturales. Será la capacidad de convertir esos recursos en conocimiento, tecnología e industria.

Buenos Ayres posee la tierra, el agua y la biomasa. Lo que todavía necesita construir es la conducción política capaz de transformarlas en el fundamento de una nueva provincia: más federal, más industrial y protagonista del desarrollo argentino.

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