La masiva convocatoria de Ni Una Menos volvió a poner en agenda la violencia de género. Ahora, el debate gira en torno a qué herramientas pueden surgir más allá de la protesta.
La imagen de miles de personas ocupando las inmediaciones del Congreso Nacional volvió a demostrar que la lucha contra la violencia machista conserva una fuerte capacidad de movilización en Argentina. Sin embargo, una vez finalizada la jornada del 3 de junio, comenzó otra discusión: cómo convertir la bronca expresada en las calles en transformaciones efectivas y sostenibles.
La movilización de este año estuvo atravesada por una profunda conmoción social generada por recientes femicidios que impactaron en distintas provincias del país. Los casos de Agostina Vega, Dulce María Beatriz Candia y Noelia Carolina Romero se transformaron en símbolos de una problemática que continúa presente pese a más de una década de reclamos.
Especialistas y organizaciones sostienen que las marchas cumplen una función fundamental: visibilizar conflictos que muchas veces permanecen ocultos. Sin embargo, advierten que las movilizaciones por sí solas no alcanzan para modificar realidades complejas.
Entre las principales demandas aparecen el fortalecimiento de programas de asistencia a víctimas, la mejora de los sistemas de denuncia, la capacitación de operadores judiciales y la implementación de políticas preventivas que permitan detectar situaciones de riesgo antes de que deriven en hechos irreparables.
En los últimos años también crecieron las discusiones sobre el financiamiento de organismos especializados y el alcance de las políticas de género. Diversas organizaciones consideran que los recortes presupuestarios impactan directamente en la capacidad estatal para acompañar a personas en situación de violencia.
El movimiento Ni Una Menos nació en 2015 como respuesta a una serie de femicidios que generaron una fuerte reacción social. Desde entonces logró instalar el tema en el debate público, impulsar cambios legislativos y promover nuevas formas de organización colectiva. Sin embargo, referentes del espacio reconocen que los desafíos siguen siendo enormes.
El día después de la marcha deja una certeza: la movilización social continúa siendo una herramienta poderosa para visibilizar demandas. Pero la construcción de soluciones requiere continuidad, compromiso institucional y participación ciudadana permanente para enfrentar una problemática que sigue cobrando víctimas en todo el país.