Afiliados reportan demoras de hasta medio año en consultas médicas tras cambios en la gestión de prestaciones. Crece la preocupación por el impacto en la salud de los adultos mayores.
Las recientes modificaciones en el funcionamiento del PAMI encendieron alarmas entre jubilados y pensionados, quienes denuncian dificultades cada vez mayores para acceder a servicios de salud. En el centro de la polémica se encuentra la aplicación de un sistema de cupos que restringe la cantidad de turnos disponibles para distintas prácticas médicas.
De acuerdo con testimonios relevados en distintas regiones del país, conseguir una consulta con especialistas o acceder a estudios diagnósticos se ha vuelto un proceso más complejo, con plazos de espera que pueden extenderse hasta seis meses. La situación genera incertidumbre, especialmente entre quienes requieren seguimiento médico constante.
El trasfondo de la medida estaría vinculado a una estrategia oficial orientada a reducir el gasto en prestaciones. En ese sentido, fuentes del sector indican que el organismo busca optimizar recursos ante un escenario económico desafiante, aunque las consecuencias ya se sienten en la calidad del servicio.
PAMI es la principal obra social de la Argentina, con millones de afiliados y una red de prestadores que abarca todo el territorio nacional. Su funcionamiento resulta clave para garantizar el acceso a la salud de los adultos mayores, por lo que cualquier modificación en su esquema operativo tiene un impacto directo y masivo.
Referentes del ámbito sanitario advierten que la limitación en la asignación de turnos podría traducirse en un deterioro de la atención, ya que muchas patologías requieren intervenciones tempranas. La demora en los controles médicos no solo afecta la calidad de vida de los pacientes, sino que también puede derivar en complicaciones más severas.
En este contexto, distintos sectores sociales comenzaron a expresar su malestar y reclaman mayor transparencia en la gestión del organismo. Además, exigen que se priorice el acceso a la salud por sobre los objetivos de ajuste fiscal.
El debate continúa abierto y pone en foco el desafío de sostener un sistema de cobertura amplio sin comprometer la atención de una población que depende casi exclusivamente de este servicio.