La designación de la exsenadora Lucila Crexell como embajadora en Canadá desató un vendaval de denuncias. La oposición habla sin rodeos de “pago político” por su giro clave en la votación de la Ley Bases que salvó al Gobierno.
Una sesión cargada de tensión y sospechas
El Senado vivió una jornada, marcada por acusaciones cruzadas, denuncias de corrupción y un clima político al rojo vivo. En ese contexto, uno de los temas que encendió la mecha fue el ingreso formal del pliego de la exsenadora neuquina Lucila Crexell para ocupar la embajada argentina en Canadá.
Lejos de pasar desapercibido, el nombramiento detonó una fuerte reacción de la oposición, que sostiene que se trata de una retribución directa por su voto decisivo durante el tratamiento de la Ley Bases, uno de los proyectos centrales del gobierno de Javier Milei.
Del rechazo al voto clave que cambió todo
La polémica se remonta a 2024, cuando Crexell había manifestado públicamente su rechazo a la Ley Bases. Sin embargo, en un giro inesperado, modificó su postura en el momento decisivo y votó a favor.
Ese cambio no fue menor: su voto generó un empate exacto en el Senado (36 a 36), lo que obligó a la vicepresidenta Victoria Villarruel a desempatar. Finalmente, con su intervención, el proyecto fue aprobado.
Desde entonces, comenzaron a circular versiones en los pasillos del Congreso sobre una posible recompensa política. En ese momento, incluso se hablaba de un destino diplomático en París, que luego fue descartado tras la repercusión pública y denuncias judiciales.
De París a Ottawa: el nuevo destino bajo la lupa
Tras la noticia, el Ejecutivo reconfiguró la estrategia y avanzó con una nueva propuesta: designar a Crexell como embajadora en Ottawa, Canadá.
Pero lejos de calmar las aguas, la decisión reavivó las críticas. En el recinto, la senadora riojana Florencia López fue una de las voces más duras, al advertir que aprobar ese pliego implicaría legitimar un supuesto acto de corrupción.
Según expresó, avalar la designación sería “convalidar el pago de una coima por un voto”, y llamó a sus pares a frenar el avance del expediente para “no manchar el honor del Senado”.
Frases explosivas y clima de máxima tensión
El debate no estuvo exento de declaraciones encendidas. López lanzó una frase que resonó con fuerza: dijo estar “cansada de las Crexell y de los Kueider de la vida”, en referencia a maniobras políticas que —según denuncian— alteran la voluntad legislativa.
Mientras tanto, el jefe del bloque peronista, José Mayans, cuestionó duramente la distribución de lugares en comisiones y denunció irregularidades que, aseguró, “nunca ocurrieron antes en la Cámara Alta”.
Más frentes abiertos: denuncias, viajes y causas judiciales
La sesión no se limitó al caso Crexell. También se multiplicaron los cuestionamientos al oficialismo por otros temas sensibles.
El senador Carlos Linares apuntó contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, exigiendo explicaciones por sus viajes y declaraciones públicas. “O da explicaciones o debe renunciar”, disparó.
Por su parte, Juliana Di Tullio volvió a poner sobre la mesa el llamado “caso Libra”, cuestionando la negativa oficialista a crear una comisión investigadora en el Senado, como sí ocurrió en Diputados.
Otros nombramientos que generan ruido
En paralelo, también ingresó el pliego del juez Carlos Mahiques para continuar en la Cámara Federal de Casación Penal. El magistrado, que cumplirá 75 años —límite constitucional para ejercer—, busca extender su permanencia por cinco años más con aval del Ejecutivo.
La situación suma otro foco de controversia, dado que el pedido se vincula con decisiones políticas en el ámbito judicial.
Un Senado atravesado por la desconfianza
En medio de este escenario, la Cámara Alta aprobó además un cambio en el sistema de publicidad de los pliegos, que dejarán de difundirse en diarios de circulación nacional y pasarán a publicarse únicamente en canales oficiales digitales.
Para la oposición, este tipo de medidas contribuye a reducir la transparencia en procesos clave.
Una historia que recién empieza
El pliego de Crexell aún debe ser tratado en comisión, pero el escándalo ya está instalado. Lo que comenzó como una jugada política más, hoy se convirtió en un caso emblemático que mezcla poder, votos decisivos y sospechas de acuerdos ocultos.
En un Congreso atravesado por la desconfianza, la pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿decisión política legítima o el ejemplo más claro de un canje de favores en la nueva era política?