Tras casi medio siglo de incertidumbre, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió identificar a doce personas víctimas del terrorismo de Estado cuyos restos fueron hallados en el predio del ex centro clandestino La Perla. Para sus familiares, la noticia mezcla alivio, dolor y la posibilidad de despedirse después de décadas de silencio.
Durante décadas, miles de familias argentinas convivieron con una pregunta que parecía no tener respuesta: qué ocurrió con sus seres queridos desaparecidos durante la última dictadura. En los últimos días, un nuevo avance en las investigaciones permitió arrojar algo de luz sobre ese pasado. La Justicia federal confirmó la identificación de doce personas que habían sido secuestradas y asesinadas en el centro clandestino de detención conocido como La Perla, en la provincia de Córdoba.
Los restos fueron recuperados durante excavaciones realizadas en 2025 en la zona denominada Loma del Torito, dentro de la guarnición militar de La Calera, donde funcionó uno de los mayores centros de detención y exterminio del interior del país. Por ese lugar pasaron entre 2.200 y 2.500 personas secuestradas, la mayoría de las cuales continúa desaparecida.
El proceso de identificación fue posible gracias al trabajo conjunto del Equipo Argentino de Antropología Forense, el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de Córdoba y especialistas universitarios que colaboraron en la localización de posibles enterramientos clandestinos. A través de estudios antropológicos y análisis genéticos comparados con muestras de familiares, se logró establecer la identidad de varias víctimas del terrorismo de Estado.
Una noticia esperada durante casi medio siglo
Para Rodolfo Reyes, la confirmación llegó después de 49 años de búsqueda. Tenía apenas siete años cuando su padre, Oscar Omar Reyes, fue secuestrado el 18 de octubre de 1977 en Córdoba. Ingeniero mecánico y trabajador de la automotriz Fiat, Reyes fue interceptado mientras se dirigía a una reunión política.
Durante décadas la familia intentó reconstruir su destino. Testimonios posteriores indicaron que había sido llevado primero al Departamento de Informaciones de la policía provincial y luego trasladado a La Perla. Sin embargo, durante años no hubo certezas.
La confirmación llegó recientemente cuando el juzgado federal convocó a sus hijos para informarles que los restos hallados en el predio militar correspondían a su padre. Para la familia, la noticia implicó una mezcla difícil de describir: tristeza por la confirmación del asesinato y alivio por haber logrado finalmente una respuesta.
“Encontramos lo que tanto habíamos buscado”, resumió Rodolfo, al referirse al cierre que significa poder conocer el destino de su padre.
La historia de Ramiro Bustillo
Una experiencia similar atravesó la familia Bustillo. Ramiro Sergio Bustillo, trabajador de Fiat y militante político, fue secuestrado en octubre de 1977 cuando tenía 27 años. Dejó una pareja, un hijo pequeño y una hija en camino.
Su hermano Gustavo, poeta, recordó que la familia llevaba décadas intentando saber qué había ocurrido. Los restos de Ramiro fueron hallados en excavaciones realizadas cerca de La Perla y la confirmación genética llegó recientemente.
Para Gustavo, el impacto de la noticia fue profundamente emocional. Según relató, la identificación representa una forma de cerrar una herida abierta durante décadas y recuperar el vínculo con la memoria de su hermano.
También señaló que la ausencia de restos para despedir a los desaparecidos fue una de las formas de violencia más duraderas del terrorismo de Estado: muchas familias ni siquiera tenían un lugar donde llevar una flor.
Las mellizas que aún siguen presentes
Entre las identificaciones también aparece un caso que mantiene abierta una incógnita. Durante las excavaciones se encontró una pieza dental que permitió confirmar que las mellizas Adriana y Cecilia Carranza, secuestradas en 1976 cuando tenían 18 años, estuvieron detenidas en La Perla.
Ambas jóvenes habían llegado a Córdoba desde San Francisco para estudiar en la universidad: una cursaba Ciencias de la Educación y la otra Ciencias de la Información. Sin embargo, al tratarse de hermanas gemelas, por el momento no es posible determinar a cuál de las dos corresponde el resto hallado.
Para sus familiares, el hallazgo tiene un profundo valor simbólico. Después de medio siglo, pudieron reunirse para recordar a las jóvenes y realizar una despedida que nunca habían tenido.
Una medalla que reveló otra historia
Entre los objetos recuperados durante las excavaciones apareció también una pequeña medalla religiosa. En el reverso tenía grabado un nombre y una fecha. Esa inscripción permitió reconstruir otra historia vinculada al centro clandestino.
La medalla pertenecía a una mujer que la había regalado a su esposo poco antes de que ambos fueran secuestrados. Él fue asesinado durante el traslado hacia La Perla y desde entonces no se volvió a saber de su destino. Décadas después, el hallazgo del objeto confirmó que el hombre había estado en ese lugar.
Para su compañera, sobreviviente del terrorismo de Estado, el objeto representa una evidencia concreta de lo ocurrido y una forma de cerrar parcialmente el círculo de la memoria.
Búsqueda que continúa
Hasta el momento se conocen seis identidades entre los doce casos identificados: Oscar Omar Reyes, Ramiro Sergio Bustillo, Raúl Oscar Ceballos, Eduardo Valverde, Mario Nívoli y una de las mellizas Carranza. Las autoridades continúan con el proceso de notificación a los familiares y con las investigaciones para determinar el resto de los nombres.
Las excavaciones en el predio militar se retomarán en nuevas campañas de trabajo. Los especialistas consideran que aún podrían hallarse más restos en la zona, lo que permitiría avanzar en la identificación de otras víctimas.
Desde su creación en la década de 1980, el Equipo Argentino de Antropología Forense ha logrado identificar más de 800 personas desaparecidas, contribuyendo tanto a la reparación de las familias como a la construcción de pruebas judiciales en causas por crímenes de lesa humanidad.
Cada identificación representa mucho más que un dato en un expediente. Para los familiares significa recuperar un nombre, una historia y la posibilidad de despedirse después de décadas de incertidumbre. En muchos casos, es el primer paso para cerrar un duelo que había quedado suspendido en el tiempo.