La Justicia comercial decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), firma encargada de elaborar productos refrigerados bajo licencia de la marca SanCor. El cierre definitivo de sus plantas impacta en cientos de familias y profundiza la crisis que atraviesa el sector lácteo argentino.
La industria láctea argentina sumó un nuevo golpe con la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la compañía que producía yogures, flanes y postres comercializados bajo la marca de la cooperativa láctea SanCor. La decisión fue tomada por la Justicia comercial, que dispuso la liquidación total de la empresa y el cierre de sus operaciones, lo que deja a más de 400 trabajadores sin empleo.
El fallo fue dictado por el Juzgado Comercial N.º 29, a cargo del juez Federico Güerri, luego de que fracasara el proceso de concurso preventivo iniciado por la empresa para intentar reestructurar sus deudas. Sin interesados en adquirir la firma o continuar con la producción, el tribunal resolvió avanzar con la quiebra y el desmantelamiento de sus activos.
Dos plantas cerradas y cientos de familias afectadas
El cierre de ARSA implica el fin de la actividad en dos establecimientos industriales clave. Uno funcionaba en la localidad de Arenaza, en el partido bonaerense de Lincoln, donde trabajaban cerca de 180 personas. El otro estaba ubicado en Monte Cristo, en la provincia de Córdoba, con alrededor de 200 empleados.
En conjunto, el impacto laboral alcanza a alrededor de 400 trabajadores, muchos de los cuales acumulaban décadas de antigüedad en la actividad láctea. La situación generó preocupación en las comunidades vinculadas a la producción lechera, donde la empresa representaba una fuente central de empleo y actividad económica.
Productos históricos del mercado argentino
La firma era responsable de fabricar una amplia gama de productos refrigerados que se distribuían en todo el país. Entre ellos se encontraban líneas de yogures y postres ampliamente conocidas por los consumidores argentinos, como Yogs, Primeros Sabores, Shimy, Sancorito, Sublime y Vida.
Estos productos formaban parte del portafolio histórico de la marca SanCor, una de las cooperativas lácteas más importantes del país, fundada en 1938 y surgida de la unión de cooperativas de tamberos de Santa Fe y Córdoba. Durante décadas se consolidó como uno de los actores centrales del sector alimenticio nacional.
Una crisis que se arrastra desde hace años
La quiebra de ARSA no fue un hecho repentino. La empresa atravesaba problemas financieros desde hace varios años, con atrasos en pagos a proveedores y salarios, además de una caída sostenida en las ventas. Según distintos actores del sector, el deterioro estuvo vinculado tanto a dificultades macroeconómicas como a problemas de gestión empresarial.
La compañía había iniciado un concurso preventivo en 2024 en un intento por reordenar sus cuentas, pero el proceso no logró atraer inversores ni compradores que garantizaran la continuidad productiva. Ante ese escenario, la Justicia finalmente dispuso la quiebra y la liquidación de la empresa.
Un nuevo capítulo de la crisis del sector
El cierre de ARSA se inscribe en un contexto más amplio de dificultades en la industria láctea argentina, caracterizada en los últimos años por la caída del consumo interno, el aumento de los costos de producción y las tensiones financieras en varias empresas del rubro.
Además del impacto laboral directo, el cierre genera incertidumbre en la cadena productiva que involucra a tamberos, transportistas, distribuidores y comercios minoristas que dependían de la producción de la firma.
La desaparición de una empresa que durante años fabricó productos emblemáticos del mercado argentino deja al descubierto la fragilidad de un sector que continúa atravesando profundas transformaciones económicas y productivas.