Mientras la disputa interna entre Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner domina la escena del peronismo, otros dirigentes comienzan a impulsar una corriente alternativa que busca volver a los fundamentos históricos del movimiento. Miguel Ángel Pichetto, junto a Guillermo Moreno y el gobernador Gildo Insfrán, promueve un perfil más tradicional y crítico de las políticas de apertura económica del gobierno de Javier Milei.
Un peronismo en tensión y con debates que no entusiasman
El peronismo atraviesa una etapa de reconfiguración marcada por disputas internas que, a diferencia de otras épocas de fuerte confrontación ideológica, hoy parecen generar más apatía que expectativa. La pulseada política entre el gobernador bonaerense Axel Kicillof y el sector alineado con Cristina Fernández de Kirchner domina la agenda partidaria, pero no logra despertar demasiado interés ni dentro ni fuera del espacio.
Históricamente, las internas del justicialismo estuvieron atravesadas por profundas diferencias doctrinarias e incluso conflictos de gran intensidad política. Sin embargo, en el escenario actual muchos analistas observan una confrontación más burocrática que programática, centrada en la disputa por liderazgos, cargos y control territorial antes que en debates de fondo sobre el rumbo del movimiento.
En la provincia de Buenos Aires, principal bastión electoral del peronismo, el enfrentamiento entre sectores cercanos a Kicillof y militantes vinculados a La Cámpora expone esas tensiones. Pero, según distintas lecturas dentro del propio espacio, ambos sectores comparten buena parte de las mismas ideas económicas y políticas, lo que reduce la discusión a una competencia interna por la conducción.
Pichetto impulsa otra línea dentro del justicialismo
En ese contexto comenzaron a moverse dirigentes que buscan instalar otra agenda dentro del peronismo. Uno de los protagonistas de este intento es Miguel Ángel Pichetto, histórico dirigente parlamentario que tuvo roles centrales durante los gobiernos kirchneristas, luego integró la fórmula presidencial de Mauricio Macri en 2019 y en los últimos años intenta articular un espacio peronista alternativo.
Pichetto propone recuperar lo que define como las “fuentes” del movimiento justicialista, una mirada que busca distanciarse tanto del progresismo asociado al kirchnerismo tardío como del liberalismo económico promovido por el gobierno de Javier Milei.
En esa construcción aparecen como interlocutores dirigentes de perfil tradicional dentro del peronismo, entre ellos el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno y el gobernador formoseño Gildo Insfrán, dos figuras que reivindican una visión más clásica del movimiento fundada en el rol del Estado, la defensa de la industria nacional y una fuerte identidad territorial.
Críticas a la apertura económica
Uno de los puntos de coincidencia entre estos sectores es la crítica al programa económico del actual gobierno. Para estos dirigentes, las reformas orientadas a liberalizar el comercio exterior y reducir las regulaciones podrían afectar seriamente al entramado productivo local.
La discusión cobró fuerza tras los recientes posicionamientos de entidades empresariales que cuestionaron el ritmo de la apertura económica. La Unión Industrial Argentina (UIA), por ejemplo, advirtió sobre los riesgos de una apertura “indiscriminada” que podría impactar en empresas locales, mientras que otras organizaciones empresarias reclamaron mayor diálogo con el Ejecutivo para acompañar los cambios económicos.
Ese escenario alimenta el discurso de quienes dentro del peronismo buscan reconstruir un eje político basado en la defensa del mercado interno y de la industria nacional, uno de los pilares históricos del movimiento desde mediados del siglo XX.
Buscar reconciliar al peronismo con sectores productivos
Según esta mirada, el justicialismo debería reconstruir vínculos con sectores de la economía real —empresarios industriales, trabajadores organizados y clases medias— que, según sus impulsores, se fueron distanciando del espacio durante los últimos años.
En esa estrategia también aparece la Confederación General del Trabajo (CGT), que durante el último período mantuvo expectativas respecto del liderazgo de Kicillof pero que, según diversas señales políticas, comenzó a mostrar cierto desencanto por la falta de una propuesta clara que reorganice al peronismo.
El planteo de “autocrítica sin autoflagelación”, impulsado por algunos dirigentes de este sector, apunta a dejar atrás debates internos sobre los errores del pasado reciente y enfocarse en construir una agenda opositora frente al programa económico libertario.
¿Un nuevo eje político para el PJ?
El interrogante que empieza a plantearse dentro del peronismo es si el contraste entre apertura económica y protección industrial puede convertirse en el eje capaz de unificar a distintos sectores del movimiento.
En un contexto internacional donde varias economías vuelven a discutir políticas industriales y estrategias de protección frente a la competencia global, algunos dirigentes ven allí una oportunidad para reconstruir una identidad política clara.
Sin embargo, otros advierten que el desafío no pasa solo por resistir los cambios impulsados por el gobierno, sino por formular una propuesta renovadora que combine desarrollo productivo, competitividad y modernización del Estado.
Por ahora, el peronismo continúa transitando una etapa de transición en la que conviven diferentes visiones sobre su futuro. Entre disputas internas, intentos de renovación y llamados a volver a las raíces históricas, el movimiento sigue buscando una síntesis que le permita recuperar protagonismo en el escenario político argentino.