Argentina: la clase media se fragmenta y pierde margen financiero

Un análisis reciente muestra que los hogares de ingresos medios enfrentan una significativa presión económica: salarios que pierden terreno frente a la inflación, empleo cada vez más precario y un costo de vida que obliga al endeudamiento para cubrir gastos básicos. La heterogeneidad dentro de este grupo social refleja que sus estándares de vida divergen cada vez más.

La noción tradicional de clase media en Argentina —un sector con estabilidad laboral, capacidad de consumo y movilidad social— está siendo desdibujada por una serie de tendencias económicas y sociales que presionan a la baja el bienestar de millones de familias.

Según un estudio de la consultora Focus Market, citado en análisis recientes, ser considerado parte de la clase media en el país hoy implica disparidades de ingresos muy amplias: mientras que la denominada clase media baja requiere unos 2,4 millones de pesos mensuales por hogar, y casi no tiene capacidad de ahorro, los ingresos necesarios para caracterizar a la clase media alta se acercan a 11,6 millones de pesos por mes. Entre ambos segmentos medianos hay diferencias sustanciales en consumo, acceso a servicios y estilo de vida.

Este rango divergente muestra no sólo niveles de ingreso distintos, sino también formas de vida que ya no comparten experiencias comunes: en los estratos más bajos de la clase media, gastos en alimentos y vivienda absorben aproximadamente la mitad del presupuesto familiar, y se prioriza el uso del transporte público; en los niveles medios los hogares afrontan educación semiprivada, prepagas de salud y recreación moderada; en los más altos, la educación privada, dos vehículos por familia y viajes al exterior son parte de la canasta de consumo habitual.

El contexto macroeconómico agrava esta segmentación. En el último trimestre de 2025, la Universidad de Buenos Aires registró una pérdida de 48.000 empleos formales y un retroceso continuado del poder adquisitivo de los salarios reales, especialmente en el sector asalariado formal.

A la brecha de ingresos se suma la creciente necesidad de recurrir al crédito para sostener el consumo semanal. Datos oficiales muestran que cerca del 45 % de las compras en supermercados se financian con tarjeta de crédito, mientras que la morosidad en ese segmento alcanzó niveles récord para el sistema financiero argentino.

Un informe independiente del Instituto Argentina Grande (IAG) complementa esta tendencia: en 2025, más de la mitad de los hogares de ingresos medios (53 %) tuvo que usar ahorros, endeudarse o incluso vender bienes para poder llegar a fin de mes ante el aumento de precios y la caída del ingreso real.

El resultado es un núcleo social que, si bien sigue siendo clave para la demanda interna y el consumo, muestra signos de fragilidad financiera. La diferencia entre quienes logran ahorrar y quienes solo alcanzan a cubrir gastos básicos es cada vez más marcada, y las estrategias de supervivencia económica —como la deuda de corto plazo o la reducción de actividades culturales y recreativas— se han vuelto comunes.

Especialistas coinciden en que esta diversificación interna de la clase media no es simplemente una cuestión estadística, sino que evidencia un cambio profundo en la estructura social argentina: la identidad de clase media como segmento homogéneo cede lugar a múltiples realidades con niveles de oportunidades y de seguridad económica visiblemente distintos.

La tradicional clase media argentina se encuentra en un proceso de transformación acelerada. Endurecimiento de las condiciones laborales, pérdida de poder adquisitivo, creciente costo de vida y endeudamiento recurrente para cubrir necesidades básicas dibujan un panorama donde la percepción de estabilidad social y económica queda cada vez más lejos.

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