La administración de Javier Milei evalúa incluir en su reforma laboral prevista para 2026 un sistema inspirado en el modelo estadounidense, donde las negociaciones salariales se realizan empresa por empresa. La medida podría transformar profundamente el esquema de paritarias y los derechos colectivos de los trabajadores argentinos.
El Gobierno nacional estudia implementar un nuevo esquema de negociación salarial que sustituiría las paritarias nacionales por acuerdos individuales entre cada empresa y sus empleados. La propuesta, que formaría parte del proyecto de reforma laboral previsto para 2026, se sustenta en los conceptos de “mérito” y “productividad” como ejes de la nueva relación entre trabajadores y empleadores.
Según trascendió, la iniciativa busca replicar un sistema similar al que rige en Estados Unidos, donde las negociaciones salariales no se realizan de manera colectiva, sino dentro de cada compañía. En ese país, los empleados que desempeñan tareas idénticas pueden recibir remuneraciones distintas dependiendo del rendimiento individual o de la política interna de cada firma.
El modelo norteamericano, considerado un ejemplo de flexibilidad laboral por sus defensores, presenta también un marcado debilitamiento de los sindicatos y una baja tasa de sindicalización. Además, la brecha salarial entre trabajadores de un mismo sector es una de las más amplias del mundo desarrollado.
En Argentina, aplicar un esquema de estas características implicaría un cambio estructural en el sistema laboral vigente. Las paritarias nacionales, que desde hace décadas constituyen la principal herramienta para definir aumentos salariales de forma colectiva, quedarían desplazadas por acuerdos atomizados, con resultados dispares según la capacidad económica de cada empresa.
Diversos especialistas en derecho laboral advierten que una medida de este tipo podría fragmentar los sueldos, reducir la fuerza de negociación de los gremios y generar un retroceso en materia de derechos conquistados. Señalan que, bajo el argumento del “mérito”, se corre el riesgo de transformar el salario en una variable dependiente del mercado, y no en un derecho garantizado por la negociación colectiva.
El debate sobre el futuro del trabajo y las condiciones de empleo promete ser uno de los ejes centrales de la agenda política en los próximos años, en un contexto donde el Gobierno busca “modernizar” las relaciones laborales y los sindicatos se preparan para resistir cualquier intento de desarticular las paritarias nacionales.