Cada 24 de septiembre en Argentina se conmemora el Día del Colectivero, una fecha que recuerda la primera vez que un vehículo de este tipo circuló por las calles de Buenos Aires, hace ya 97 años. El colectivo, invento nacional por excelencia, surgió en 1928 como una respuesta creativa frente a la crisis que atravesaban los taxistas de la época y terminó por convertirse en un símbolo cotidiano del transporte urbano.
La historia se remonta a un encuentro entre siete conductores de taxi en un bar de Rivadavia y Lacarra, en el barrio de Flores. Ante la caída en la demanda de viajes individuales, decidieron probar una modalidad innovadora: trasladar a varios pasajeros al mismo tiempo por un precio más bajo. Lo que comenzó como una prueba improvisada se transformó en un sistema que no solo se afianzó en Buenos Aires, sino que rápidamente se expandió a todo el país e incluso al extranjero.
La novedad captó la atención de los usuarios de inmediato. Viajar en colectivo resultaba mucho más económico que tomar un taxi y, a su vez, significaba un modo ágil y accesible de moverse por la ciudad. Con el correr de los meses, los vehículos empezaron a distinguirse mediante carteles con los destinos, colores particulares y, más adelante, carrocerías especialmente diseñadas para este nuevo servicio.
Así, aquellos primeros autos adaptados dieron lugar al nacimiento del colectivo como medio de transporte propio, un hito que marcó la identidad argentina y que hoy sigue siendo parte indispensable de la vida urbana.
La celebración del 24 de septiembre rinde homenaje no solo a quienes tuvieron la iniciativa de poner en marcha esta experiencia pionera, sino también a las y los colectiveros que, día tras día, garantizan que millones de personas puedan llegar a sus trabajos, escuelas y compromisos, sin importar la hora ni las condiciones del clima.