En una sesión cargada de tensión política y movilización social, el Senado de la Nación aprobó todas las iniciativas legislativas que el Presidente Javier Milei había intentado frenar y anuló varios de sus decretos más polémicos. El saldo fue categórico: el oficialismo sufrió una derrota absoluta y quedó en minoría frente a una oposición amplia y articulada.
La Cámara alta votó con números contundentes la ley de financiamiento universitario (58 a favor, 9 en contra y 3 abstenciones) y la emergencia pediátrica (62 a favor y 8 en contra). Ambos proyectos habían sido objeto de duros enfrentamientos entre el Gobierno y las fuerzas opositoras, que en esta ocasión lograron el respaldo suficiente no solo para sancionar las leyes, sino también para blindarlas frente a futuros vetos presidenciales.
La norma universitaria asegura la continuidad de la educación pública con presupuesto actualizado, reapertura de paritarias docentes y un fondo especial para carreras clave en el desarrollo nacional. El proyecto había sido aprobado el año pasado, pero vetado por el Presidente. Esta vez, el Congreso lo reinstaló con un nivel de respaldo que Milei no podrá revertir.
La emergencia pediátrica, por su parte, reconoce al Hospital Garrahan como referencia nacional, garantiza insumos y financiamiento, y mejora la situación salarial de médicos y residentes. Durante el debate, el senador Luis Juez emocionó al destacar la importancia del Garrahan en la vida de miles de familias argentinas, mientras que otros legisladores cuestionaron duramente al oficialismo por haber intentado desestimar su rol estratégico.
Además, el Senado derribó decretos que apuntaban a reducir o eliminar organismos clave como el INTA, el INTI, la Dirección Nacional de Vialidad, el Banco Nacional de Datos Genéticos y varios institutos culturales. Estas medidas, que habían generado fuerte rechazo en la sociedad y en los gremios, fueron dadas de baja con mayorías que dejaron en soledad al oficialismo.
El clima dentro del recinto fue tan encendido como el que se vivió afuera. En las inmediaciones del Congreso, trabajadores de los organismos afectados fueron reprimidos por fuerzas de seguridad con gases lacrimógenos y carros hidrantes, lo que tensó aún más la jornada.
Desde el Gobierno, la estrategia de enviar al vicejefe de Gabinete, José Rolandi, para intentar contener la derrota resultó inútil. Milei, por su parte, calificó al Congreso como “rehén del kirchnerismo” y denunció que los legisladores buscaban “llevar al país a la quiebra”.
Las votaciones revelaron también el aislamiento político del oficialismo. Más allá de algunos apoyos individuales de senadores del PRO y de la radical Carolina Losada, el bloque libertario quedó en clara desventaja. Incluso legisladores que en otras ocasiones habían acompañado al Gobierno optaron por abstenerse.
En un momento del debate, las tensiones crecieron aún más cuando se cruzaron acusaciones sobre el aumento de las dietas legislativas. Milei denunció que los senadores se beneficiaban de “sueldos millonarios”, mientras que referentes opositores como José Mayans le respondieron con dureza, acusándolo de mentir y desviar la atención de la derrota política.
El resultado de la jornada no deja dudas: el Senado frenó el intento de desregulación del Ejecutivo y garantizó fondos para áreas sensibles como la educación superior y la salud pediátrica, confirmando que el oficialismo enfrenta un escenario cada vez más adverso en el Congreso.