Un giro inesperado permitió cerrar un caso que había quedado congelado en el tiempo. Gracias a la identificación de restos humanos encontrados en una vivienda de Coghlan, se pudo confirmar la identidad de Diego, un adolescente de 16 años que desapareció en 1984 sin dejar rastro. El descubrimiento no solo trajo respuestas a su familia tras cuatro décadas de incertidumbre, sino que también despertó el interés público debido a que la propiedad en cuestión fue alquilada en los años 2000 por el reconocido músico Gustavo Cerati, quien no tuvo ninguna relación con el hecho.
La historia salió a la luz cuando trabajadores que realizaban tareas de refacción encontraron restos óseos en el jardín del chalet. El hallazgo fue comunicado de inmediato, y tanto el fiscal Martín López Perrando como el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se hicieron cargo de la investigación. El equipo logró recolectar más de 150 fragmentos óseos junto con pertenencias que se convirtieron en claves para la identificación: un reloj Casio fabricado en Japón en 1982, un corbatín escolar azul, una moneda de 5 yenes usada como amuleto, una suela de zapato y un llavero naranja con una llave.

Estos detalles despertaron la atención del sobrino del joven, quien al conocer el caso comenzó a sospechar que podía tratarse de su tío desaparecido. Tras comunicarse con las autoridades y realizarse una prueba de ADN, se confirmó la identidad del muchacho. Diego, quien era estudiante de la ENET N.º 36 y jugador de las inferiores de Excursionistas, había sido asesinado brutalmente y enterrado a pocos kilómetros de su hogar.
El informe forense reveló que la víctima murió tras recibir una puñalada que perforó su cuarta costilla derecha. Luego, sus asesinos intentaron desmembrarlo con un serrucho, lo cual dejaron en evidencia las marcas en brazos y piernas. El cuerpo fue enterrado de forma apresurada, lo que permitió que muchos objetos quedaran junto a él y contribuyeran a la identificación.
El día de su desaparición, Diego había almorzado con su madre y le pidió algo de dinero para visitar a un amigo, sin dar más detalles. Fue visto por última vez en una esquina del barrio de Belgrano, pero cuando sus padres acudieron a la comisaría para denunciar su ausencia, los agentes minimizaron el hecho y se negaron a registrar la denuncia. Esa desidia institucional hizo que la familia tuviera que iniciar por su cuenta una búsqueda incansable que duró años.
La tragedia se llevó al padre del joven, quien falleció en un accidente de tránsito sin haber encontrado respuestas. Siempre creyó que su hijo había sido captado por una secta. La madre, que hoy vive acompañada de sus otros hijos, finalmente supo la verdad gracias a un hallazgo fortuito y a la persistencia familiar.
Si bien el crimen ya no puede ser juzgado debido al tiempo transcurrido, la fiscalía planea reconstruir los hechos e interrogar a los dueños del chalet al momento del asesinato. Entre ellos se encuentran una mujer de edad avanzada y sus hijos, de apellido Graf, quienes podrían aportar información clave sobre quiénes frecuentaban la casa en aquel entonces.