Una resolución firmada en las últimas horas por el Gobierno nacional modificó de forma sustancial las condiciones de trabajo de los residentes médicos en Argentina. Las residencias, consideradas hasta ahora como una etapa clave en la formación profesional, pasarán a tener el estatus de becas, en un claro signo de desprotección y pérdida de derechos laborales.
La reforma incluye varios puntos polémicos: extensión de la jornada laboral a 48 horas semanales, imposición de jornadas obligatorias los días sábados, y la realización de ocho guardias por mes, cada una de 36 horas. Esto no solo agrava la sobrecarga ya existente, sino que pone en riesgo la salud física y mental de los trabajadores en formación, quienes ya denuncian condiciones críticas.
Desde el ámbito médico advierten que este tipo de medidas no son nuevas. En 2019, una iniciativa similar fue impulsada por la gestión de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires, pero en ese entonces una fuerte movilización de los residentes logró frenar su avance. Hoy, con un nuevo contexto político, esa vieja propuesta encuentra respaldo en el gobierno actual.
El problema se agrava con el éxodo de profesionales, motivado por la falta de condiciones dignas. Muchos jóvenes egresados optan por migrar a otros países o combinar múltiples empleos para poder sostenerse económicamente. Las historias de médicos que trabajan más de 60 horas semanales por sueldos que rondan los 800 mil pesos, y que además deben recurrir a trabajos alternativos como manejar para plataformas o vender productos en línea, se vuelven cada vez más frecuentes.
Frente a este panorama, diversas organizaciones del sector sanitario advierten que la medida no solo vulnera derechos, sino que pone en riesgo la formación médica y la sostenibilidad del sistema público de salud en el largo plazo.