Un fuerte dispositivo judicial y político se preparaba para detener a Cristina Fernández de Kirchner y alojarla por unos días en una celda del sexto piso de Comodoro Py. Sin embargo, una reacción ciudadana anticipada y poderosa cambió el escenario: la posibilidad de que la expresidenta se presentara caminando, acompañada por una multitudinaria marcha, paralizó al aparato judicial y empujó al Gobierno a frenar la medida.
El plan era claro: una foto que recorriera el mundo mostrando a CFK detenida. Pero la amenaza de una movilización de dimensiones nunca vistas forzó un repliegue de última hora. A pesar de haber suspendido su traslado, una marea humana colmó la Plaza de Mayo y se extendió por todo el centro porteño, dejando en evidencia el masivo apoyo que conserva la líder política.
Mientras tanto, el exfuncionario Nelson Periotti, condenado en la causa Vialidad, fue enviado al subsuelo del Palacio de Tribunales. A pesar de su delicado estado de salud y su avanzada edad, no se le concedió la prisión domiciliaria inmediata. Recién tras la intervención de sus abogados, se logró adelantar una evaluación médica. Aun así, todo indica que pasará al menos cuatro días encerrado.
Los detalles del operativo que se planeaba para Cristina hacían suponer un espectáculo controlado: detención discreta, revisión médica, y todo bajo la mirada de fiscales como Diego Luciani y Sergio Mola, actores ya conocidos en causas mediáticas. La reacción social anticipada desarmó ese esquema.
En paralelo, surgió otra controversia: la resolución judicial que impide a CFK recibir visitas sin autorización expresa. A diferencia de otros detenidos domiciliarios —incluso de condenados por crímenes de lesa humanidad—, a Cristina se le impusieron limitaciones excepcionales. Sus abogados preparan una lista de familiares, médicos y letrados para exigir que se reviertan esas condiciones.
Además, otra cláusula polémica del fallo judicial hace referencia a evitar que la expresidenta «perturbe la paz del vecindario». Esa ambigüedad generó un nuevo reclamo legal: los defensores de CFK piden que se aclare si ella puede o no saludar desde el balcón de su domicilio. “¿Puedo salir o no al balcón de mi casa?”, ironizó Cristina en redes sociales, denunciando el carácter restrictivo de la medida.
El caso abre un nuevo capítulo en la tensión entre justicia, política y movilización social. El intento de reducir al silencio a una de las figuras más influyentes del país se topó con una respuesta contundente de la ciudadanía, que hizo retroceder una acción judicial sin precedentes recientes. Y que demuestra que el conflicto está lejos de terminar.