Una campaña telefónica disfrazada de encuesta circula por la Ciudad de Buenos Aires y busca instalar temor y confusión entre los votantes de cara a las próximas elecciones. Bajo un formato automatizado, miles de vecinos porteños han comenzado a recibir mensajes que presentan información engañosa y formulaciones manipuladas. Detrás de esta estrategia se encuentra La Libertad Avanza, el espacio liderado por Javier Milei, que ha desplegado un método que combina desinformación con insinuaciones tendenciosas, apuntando tanto contra el PRO como contra el candidato Leandro Santoro.
El sistema utilizado es una encuesta telefónica en formato IVR (respuesta de voz interactiva), que aparenta ser una consulta de opinión pero en realidad introduce premisas falsas. Las preguntas buscan asociar a Santoro con un supuesto “kirchnerismo” que, lejos de ser fuerza gobernante en la Ciudad, nunca ha dirigido el ejecutivo porteño. A su vez, las frases apuntan a correr del escenario al PRO, hoy debilitado electoralmente, sugiriendo que votar por Adorni sería la única vía para frenar al “kirchnerismo”.
Una de las preguntas más utilizadas en estas llamadas dice: “¿Sabía que la elección se define entre Santoro y Adorni? Muchos porteños están preocupados porque, por primera vez desde 2005, el kirchnerismo podría ganar en la Ciudad”. Luego se ofrecen opciones para responder, instalando una falsa dicotomía y apelando al miedo.
Especialistas en comunicación política advierten que esta maniobra no solo representa una campaña sucia, sino que podría encuadrarse como una violación a las normativas electorales. Aunque se mueve en una zona gris legal, la desinformación intencionada disfrazada de consulta estadística es objeto de debate en organismos electorales a nivel internacional. En países como Brasil, por ejemplo, ya se han implementado herramientas para controlar la distribución de contenidos falsos generados con inteligencia artificial o encuestas falsas que distorsionan la opinión pública.
“Estas campañas se camuflan como datos objetivos, pero en realidad son mensajes propagandísticos disfrazados de información”, señala la politóloga Natalia Zuazo. Según explica, estos mecanismos aprovechan vacíos regulatorios y debilidades institucionales para intervenir en el comportamiento electoral. La investigadora también destaca que, sin herramientas estatales de información clara, como debates o chatbots oficiales, los ciudadanos quedan expuestos a este tipo de maniobras.
La campaña libertaria recuerda a otra ya conocida en la historia electoral porteña: en 2011, el entonces candidato Daniel Filmus fue víctima de una operación similar, en la que se intentó vincular a su padre con el escándalo Schoklender. Detrás de aquella maniobra se encontraba el equipo del consultor Jaime Durán Barba, en ese momento asesor de Mauricio Macri. La causa fue judicializada, pero terminó prescribiendo tras pasar a la Justicia porteña.
Hoy, esa misma lógica parece ser reciclada, aunque con un nuevo objetivo: el PRO, tradicional aliado del espacio que ahora lidera Milei. La estrategia revela una ruptura dentro del espectro de derecha y evidencia el uso sistemático de la desinformación como arma de campaña.