Blanqueo a medida y ganancias aseguradas: el modelo especulativo se impone

Mientras se archivan iniciativas como la “Ficha Limpia”, el gobierno nacional impulsa medidas que favorecen a sectores con grandes fortunas no declaradas. Uno de los pilares de esta política es la apertura de un nuevo régimen de blanqueo de capitales, que permitiría legalizar dólares en el exterior o fuera del circuito formal sin necesidad de justificar su origen. El presidente defendió la propuesta afirmando que permitirá a los ciudadanos “disponer de sus dólares sin persecución”, al tiempo que reivindicó a quienes lograron “escapar de las garras del Estado”.

Sin embargo, esta narrativa esconde una realidad más compleja. La mayoría de la población argentina no sólo carece de dólares, sino que atraviesa situaciones de pobreza, desempleo o dificultad para cubrir gastos básicos como el alquiler. Lejos de beneficiar a “la gente”, el blanqueo está orientado a un segmento reducido que posee divisas no registradas y que ahora podría reingresarlas sin responder ante la ley.

El nuevo blanqueo, según se anticipó desde el entorno del ministro Caputo, sería implementado por decreto, eludiendo el marco normativo aprobado previamente por el Congreso. La legislación vigente impide acogerse al régimen a funcionarios públicos de los últimos diez años, a personas vinculadas a actividades ilícitas como el contrabando o el narcotráfico, y a quienes tienen fondos en paraísos fiscales. La versión que se estudia ahora podría abrirle la puerta justamente a aquellos que estaban excluidos.

Esta maniobra se enmarca en la necesidad de cumplir compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional, entre ellos la obligación de aumentar las reservas. En julio, Argentina enfrenta vencimientos por más de 8.000 millones de dólares entre bonos y compromisos con organismos internacionales, incluido el FMI. La urgencia por captar divisas hace que el gobierno esté dispuesto a relajar controles y abrirle la puerta a capitales de dudoso origen.

Paralelamente, crece el fenómeno de la bicicleta financiera, una estrategia de inversión basada en la especulación con tasas de interés y contratos a futuro. En sólo dos días de la semana pasada, se firmaron contratos por más de 7.000 millones de dólares. El mecanismo es simple: se venden dólares, se invierte en pesos a altas tasas y se asegura la recompra futura de divisas a precios pactados. De este modo, se logran ganancias garantizadas, sin riesgo alguno.

La magnitud del negocio es tan grande que, si todas las operaciones recientes se repitieran hasta fin de año, los inversores obtendrían ganancias de más de 570.000 millones de pesos. El interrogante es claro: ¿quién pagará la diferencia si el tipo de cambio supera el pactado? La respuesta parece obvia: el Estado, es decir, todos los argentinos.

Este es el modelo económico que se está consolidando. Uno que premia la especulación, favorece la fuga y penaliza el desarrollo productivo. Frente a él, el recuerdo de un Estado activo y redistributivo se convierte en un objetivo a neutralizar.

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