Roberto Asorey fue uno de los detenidos durante el operativo de represión que se llevó a cabo esta semana frente al Congreso de la Nación. El hombre, cercano a los 70 años y con pasado como preceptor escolar, fue arrestado cuando intentaba asistir a una mujer caída, en medio de una intervención policial que terminó con decenas de heridos. Aunque ya fue liberado, la justicia le inició una causa por supuesta resistencia a la autoridad.
El hecho ocurrió en la intersección de las calles Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, donde Prefectura Naval actuó bajo órdenes del Ministerio de Seguridad con un despliegue que fue cuestionado por su violencia. Los efectivos avanzaron contra los manifestantes, en su mayoría adultos mayores, utilizando escudos y gases lacrimógenos. En ese caos, Asorey intentó ayudar a una mujer que había tropezado y terminó esposado. El sacerdote Paco Oliveira también fue agredido cuando trató de impedir su detención.
Ambos fueron llevados a un estacionamiento cercano antes de ser trasladados. Oliveira fue liberado poco después, pero Asorey pasó la noche en la Superintendencia Federal, conocida como Madariaga. Allí permaneció incomunicado, sin acceso a abrigo ni a los víveres que le enviaron sus allegados. Un delegado de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad pudo visitarlo y garantizó el seguimiento del caso.
Afuera, familiares, amigos y compañeros de las agrupaciones Flores Solidario y Peronismo por la Ciudad aguardaban su salida. El hijo de Asorey, Hernán, contó que su padre atraviesa dificultades económicas y que además se encarga del cuidado de su abuelo, internado en un geriátrico con una jubilación mínima.
La audiencia judicial determinó que no existen motivos para impedirle seguir participando en manifestaciones. Sin embargo, deberá presentarse cada 30 días ante la justicia. La posibilidad de restringirle el acceso al Congreso fue descartada por el fiscal, al considerar que no correspondía en su situación.
Una vez liberado, Asorey describió la tensión vivida: “Estaba nervioso, me metieron en una celda subterránea, pero tuve la suerte de compartirla con personas solidarias que me ayudaron a pasar la noche”. Sobre su imputación, dijo: “Lo que dicen es falso. No agredí a nadie. Sólo intenté proteger a una mujer en el suelo y levanté el brazo para detener a los prefectos que venían con los escudos. Esto es una gran injusticia”.
La movilización frente al Congreso había sido organizada por agrupaciones de jubilados que exigen mejores condiciones de vida. Tras la represión, estas organizaciones confirmaron que volverán a marchar el próximo miércoles. Asorey también planea regresar: “Mientras sigamos en esta situación, hay que seguir reclamando. No es sólo por mí, es por todos. Lo que más temía no era que me detuvieran, sino que me prohibieran volver a estar en la calle luchando por nuestros derechos”.