Con el trono de San Pedro nuevamente vacante tras el fallecimiento del Papa Francisco, no solo se abre una nueva etapa institucional para la Iglesia Católica, sino que también renacen viejas profecías que señalan un posible giro histórico. Entre ellas, la más comentada es la que hace referencia al llamado “Papa negro”, una figura que para muchos simboliza el final de una era.
La expresión volvió a cobrar relevancia a partir de las cuartetas del astrólogo Michel de Nostradamus, quien en el siglo XVI escribió versos crípticos que han sido interpretados como predicciones de hechos históricos. Según algunos intérpretes, el francés habría anticipado una sucesión final de tres papas: uno extranjero, otro anciano, y el último, un “Papa negro”. La interpretación simbólica de esta secuencia identifica a Benedicto XVI como el primero (por su origen alemán), a Francisco como el segundo (por su edad avanzada al asumir el pontificado), y ahora, con la posibilidad de que un cardenal africano sea elegido, muchos creen que se cumpliría la tercera etapa.
No es la única profecía que genera revuelo. También se ha recordado la visión de San Malaquías, un arzobispo irlandés del siglo XII, quien supuestamente escribió una lista que describe a los Papas hasta el último de todos: “Petrus Romanus”. Según el manuscrito atribuido a él, ese pontífice final guiará a la Iglesia en tiempos de severas tribulaciones, y su mandato coincidirá con la destrucción de Roma y el juicio divino. Aunque algunos estudiosos consideran el texto una falsificación posterior, muchos creyentes continúan tomándolo como una advertencia seria sobre los tiempos por venir.
Con este contexto profético de fondo, el cónclave que se avecina genera especial atención. Dos cardenales africanos figuran entre los posibles candidatos para suceder a Francisco. El primero es Peter Turkson, de Ghana, quien ha desempeñado un papel destacado en cuestiones sociales y ambientales dentro del Vaticano. Su perfil abierto al diálogo y al cambio ha sido bien recibido en varios sectores eclesiásticos.
El segundo es Robert Sarah, de Guinea, quien representa una visión mucho más conservadora. Se ha opuesto a reformas litúrgicas y sociales impulsadas en años recientes, y cuenta con el respaldo de un sector tradicionalista que busca un retorno a las raíces doctrinales de la Iglesia.
Ambos, por su origen y trayectoria, podrían encarnar la figura del llamado «Papa negro», revitalizando no solo las profecías, sino también el debate sobre el rumbo de la Iglesia en el siglo XXI. Para quienes creen en los textos de Nostradamus y San Malaquías, la elección de un pontífice africano sería algo más que un hecho histórico: sería la señal definitiva del inicio de una transformación profunda y, quizás, del cumplimiento de un destino anunciado hace siglos.
La Santa Sede no reconoce oficialmente estas visiones, pero su impacto en la cultura y la espiritualidad popular sigue siendo fuerte. La expectativa por la decisión que tomen los cardenales en el próximo cónclave está teñida de misterio, simbolismo y una carga profética que vuelve a encender la imaginación de millones en todo el mundo.