Mentiras y represión: Bullrich construye un relato falso para justificar la violencia policial

Las justificaciones de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, para el accionar represivo de las fuerzas de seguridad durante la última manifestación han quedado en evidencia como un montaje de falsedades, contradicciones y omisiones que intentan disfrazar la brutalidad estatal.

Uno de los casos más notorios fue el del policía Elías Montenegro, quien fue ingresado al Hospital Argerich en estado de shock, temiendo la amputación de su brazo. Sin embargo, la herida en su codo izquierdo, aunque provocó una fractura, no revestía mayor gravedad. Los médicos encontraron en su brazo perdigones de goma, munición utilizada por la propia policía, lo que sugiere que fue víctima de un disparo accidental de sus propios compañeros. A pesar de esto, la versión oficial lo incluyó entre los heridos por «barras bravas», siendo el único caso listado como víctima de «arma de fuego», una afirmación que nunca pudo ser probada.

Las falsedades no terminan ahí. Entre los acusados de protagonizar disturbios se encuentran ciudadanos que ni siquiera estuvieron presentes en la manifestación. Gastón Ruiz, trabajador de logística, figuró en los listados de «barras violentos» pese a que pasó toda la jornada laboral en su empresa y quedó registrado en cámaras de seguridad. La difusión de su nombre y DNI lo expuso públicamente sin evidencia alguna, en un claro abuso por parte de las autoridades.

Otra de las maniobras utilizadas para fabricar un escenario de caos fue la presencia de policías infiltrados disfrazados de recolectores de residuos. Testigos presenciales relataron cómo estos falsos barrenderos interactuaban con la policía y, más tarde, comenzaron a provocar incidentes, como el incendio de contenedores de basura.

En el caso del fotógrafo Pablo Grillo, gravemente herido por el impacto de un cartucho de gas lacrimógeno, la ministra aseguró que el disparo se realizó «según los manuales», insistiendo en que el proyectil rebotó antes de impactarlo. Sin embargo, análisis forenses desmintieron esta afirmación, concluyendo que el cartucho fue disparado directamente contra su cabeza, sin posibilidad de rebote.

El discurso de Bullrich, avalado por el presidente Javier Milei, sigue reforzando un modelo de represión basado en mentiras y tergiversaciones. La manipulación de información, la criminalización de manifestantes y la negativa a reconocer el abuso de las fuerzas de seguridad configuran un preocupante escenario donde la verdad es sacrificada en nombre de una política de violencia institucional sin límites.

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