Por Luis Gotte – La Trinchera Bonaerense
Salí rumbo a una reunión política, donde venimos trabajando una serie de proyectos de Ordenanza para presentar en el Concejo Deliberante pueyrredonense. Integramos un Partido Político Vecinalista, con los pies en la tierra y el oído atento al pueblo.
Caminando por Matheu 3349, frente a la Parroquia San José, vi dos camionetas policiales detener a un pibe de no más de 20 años. Barbudo, con días sin bañarse, la ropa hecha jirones. La imagen viva de la exclusión. Seguí por Catamarca y, antes de Peña, otra escena calcada: otra camioneta policial, otro pibe detenido. Este, mejor vestido, más prolijo. Lo miré a los ojos y vi un alma rota. Pibes quebrados y rotos, en una comunidad que hace rato dejó de mirar.
Pero no son solo ellos. También están los pibes de sectores medios y altos, que caen en las garras de los boliches que venden drogas y alcohol sin control, donde la noche se vuelve un abismo sin fondo. La dirigencia política, el Intendente y los Concejales, parecen estar más preocupados por engrosar sus cuentas bancarias que por resolver estas tragedias cotidianas. Nadie puede desmentirlo, porque todos lo saben.
Estos pibes no nacieron para ser ladrones, ni para terminar esposados contra un patrullero. Con políticas adecuadas, sus historias podrían haber sido diferentes. Hoy, en cambio, seguimos multiplicando pibes rotos.
Deberían estar trabajando en el campo, en la actividad agrícola-ganadera, en el sector frutihortícola, aprendiendo tecnología e informática, integrando cooperativas en red que conecten a toda la provincia. Deberían estar produciendo y elaborando bienes, vendiéndolos a precios accesibles para las familias más humildes. Con políticas de poblamiento inteligente, se fortalecerían las Delegaciones Municipales y se descongestionarían los cinturones urbanos de la Capital Federal, Mar del Plata, Bahía Blanca, Villa Gesell y Pinamar.
Pero la Legislatura bonaerense no tiene interés en cambiar nada. Nos deben, a los bonaerenses, al menos 120 leyes necesarias para transformar esta realidad decadente.
Mientras tanto, seguimos viendo pasar camionetas policiales y pibes rotos. Pero no vamos a bajar los brazos, solo el pueblo salvará al pueblo. Y nosotros, desde cada rincón, desde cada barrio, vamos a seguir luchando para que estas historias no se repitan más.
Imagen: Filadelfia, Gringolandia, un barrio que parece sacado de una película de terror, pues sus habitantes caminan como ‘zombies’, sus calles están repletas de basura y la inseguridad es la reina de la zona…no quiero para Mar del Plata algo así.