En una decisión que parece desconocer completamente las realidades del interior del país, el Gobierno nacional decretó la disolución del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA). Este organismo, que llevaba agua potable y servicios de cloacas a las regiones más postergadas de Argentina, fue eliminado bajo el argumento de «ordenar las cuentas públicas».
Desde Buenos Aires, donde se dictan estas medidas, no parecen comprender que para miles de familias del interior estas obras no son un capricho, sino la diferencia entre vivir con dignidad o en la miseria. Sin cloacas ni acceso al agua potable, estas comunidades enfrentan diariamente problemas sanitarios y de calidad de vida que los burócratas de la capital apenas pueden imaginar.

El Ministerio de Economía, que justificó la medida, aseguró que las funciones del ENOHSA serán absorbidas por la Subsecretaría de Recursos Hídricos (SSRH). Sin embargo, esta promesa carece de detalles sobre cómo se garantizará la continuidad de los proyectos en curso, especialmente en localidades donde el organismo era el único actor presente.
Luis Caputo, ministro de Economía, defendió el cierre del ENOHSA tildándolo de «antro de corrupción». Según el funcionario, este organismo debía haber gestionado solo un par de obras, pero terminó ampliando sus tareas. Lo que no consideró es que esas tareas permitieron mejorar la vida de miles de familias en provincias que dependen exclusivamente del Estado nacional para acceder a servicios básicos.