EL MITO DEL ETERNO ABSURDO

Por Luis Gotte

La Trinchera Bonaerense

El fenómeno político actual encarnado por Javier Milei debe verse, desde una perspectiva histórica y filosófica, como un nuevo capítulo en la larga tradición de colonialismo internacional, pero en este caso disfrazado bajo la bandera del globalismo. Esta ideología globalista, que se presenta como una solución para los problemas del mundo, no es más que una extensión del imperialismo económico que privilegia los intereses del mercado por sobre la dignidad humana y las soberanías nacionales. Mientras que Milei defiende los principios de un liberalismo extremo donde el mercado es el único regulador de la vida social, Perón rechazaba con firmeza todo imperialismo, sea de origen económico o cultural. Para Perón, cualquier tipo de dominación que no respetara la integridad del ser humano y su relación con la comunidad era una amenaza a la libertad del pueblo.

Perón vería en Milei no a un adversario político más, sino a un verdadero enemigo de la patria. Mientras el líder del justicialismo abrazaba un hispanismo que exaltaba las raíces culturales de nuestra nación, y sostenía un proyecto federal y humanista basado en la justicia social, la solidaridad y el respeto por la persona humana, Milei encarna un atlantismo alineado con las potencias económicas globales, un centralismo que desconoce las realidades locales, y una visión anti-humanista que despoja al ser humano de su centralidad en la comunidad.

Perón defendía un UNIVERSALISMO centrado en el bienestar de las personas, entendido desde una perspectiva que armonizaba el individuo con la comunidad, mientras que Milei, con su enfoque radical en el mercado, ignora estas preocupaciones. La batalla no es meramente económica, sino filosófica: ¿debemos seguir un camino de deshumanización impulsado por el capital, o uno de justicia social donde el ser humano es el centro de toda organización?

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